Entrevista en el programa "Todos somos sospechosos" de RNE - Radio 3.
Con Rubén Luengo.
21 de septiembre de 2016.
lunes, 10 de octubre de 2016
lunes, 3 de octubre de 2016
María Carmen Márquez acerca de "Contra las cosas redondas"
"El poeta sabe remover nuestro mundo interior a la perfección."
Contra las cosas redondas (La Bella Varsovia, 2ª edición) sigue sumando lectores. La reseña completa de María Carmen Márquez, aquí.
Contra las cosas redondas (La Bella Varsovia, 2ª edición) sigue sumando lectores. La reseña completa de María Carmen Márquez, aquí.
lunes, 26 de septiembre de 2016
Entrevista capotiana a Jesús Jiménez Domínguez (por Toni Montesinos)
Foto: Lucía Bailón
En
1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía
que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se
entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que
sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora,
extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la
que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jesús Jiménez Domínguez.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Pues
empezamos bien… Acabo de entrar en esta entrevista y ya quiero salir.
Me gusta
mucho Roma, “ciudad abierta” según Rossellini. Y en las ciudades abiertas se
puede entrar y salir.
¿Prefiere los animales a la gente?
En
ocasiones muy puntuales sí, cuando vienen justificadas por la maldad del ser
humano. En todo caso, prefiero las personas a la gente.
¿Es usted cruel?
La llamamos
crueldad cuando nosotros somos las víctimas. Cuando la ejercemos sobre el prójimo
la denominamos “deber”, “derecho” o “daño colateral”. No, en serio: no me tengo
por una persona cruel.
¿Tiene muchos amigos?
Supongo
que los justos. Facebook diría que muchísimos, pero luego la realidad demuestra
que solo una parte de ellos lo son de verdad y compran mis libros. Una vez, un
escritor de mi ciudad comentaba que el número de personas que acuden a las
presentaciones literarias de un autor suele coincidir con el número de personas
que acudirán a su funeral. Desde entonces, inevitablemente, cada vez que
presento un libro, cuento el número de asistentes y veo muy claro el futuro.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No hago ningún
casting. Supongo que unos tienen unas cualidades y otros, otras. Me caen bien
de forma muy natural y general y no me pregunto nunca por qué.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Habrá ocurrido
alguna vez (como yo a ellos, supongo), pero lo he olvidado. Los buenos amigos
dejan buenos momentos y mejor quedarse con esos.
¿Es usted una persona sincera?
Nadie
puede practicar la sinceridad veinticuatro horas al día. Es agotador y no bueno
del todo: a veces las mentiras piadosas, causadas para evitar el sufrimiento mayor
de la verdad, son necesarias. “En la literatura, así como en la vida, sólo el
silencio es sincero” (Sándor
Márai).
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Como no
puedo viajar tanto como quisiera, intento hacerlo de manera virtual: leyendo,
viendo cine o escuchando música. Reconozco que me gustaría ser más esclavo de
mi tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
La
decadencia física acompañada de un gran, terrible dolor. En mí o en las
personas más cercanas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice?
Que
alguien sea capaz de matar por una creencia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho?
No me
imagino una vida fuera del ámbito creativo (y mira que tengo imaginación). Empecé
estudiando Derecho, pero me parecía un mundo ajeno del todo a mí. De pequeño me
atraía la arqueología, pero hasta ese oficio tiene una vertiente creativa:
imaginar cómo vivían nuestros antepasados.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Ejercicio
físico, muy light, cuando mi
perro me saca a pasear (sería vanidad pensar que soy yo el que lo saca de paseo).
El ejercicio físico de caminar ayuda al ejercicio químico de pensar.
¿Sabe cocinar?
Me manejo en el
terreno de la cocina de supervivencia. Cualquier plato que lleve más tiempo cocinarlo
que comerlo me resulta inconcebible.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Creo que trataría de
inventarme el personaje (un escritor de vida escandalosa, atormentado y suicida,
por ejemplo) e intentaría pasarlo por real. Podría ser divertido e
“inolvidable”. Una vez llevé esa clase de impostura a la presentación de un
libro mío: era joven y no tenía gran cosa que decir de mi primer poemario. Así
que me inventé varias páginas de un autor ficticio, de nombre extranjero, para
justificar mi libro y las leí ante el público. Leí a trompicones, bastante mal,
porque estaba nervioso y quería que todo pasara a la velocidad del rayo o,
directamente, que el rayo cayera sobre mí. Al final de la presentación, un
crítico literario de la ciudad se me acercó y me dijo: “Se notaba mucho que estabas
traduciéndolo de su idioma original, sobre la marcha”.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza?
Esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Esperanza.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, pero siempre
mediante métodos inocuos y, por tanto, sin conseguirlo: de risa (en el caso de
los amigos) o de aburrimiento (en caso contrario).
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Aquellas que
propongan una sociedad más justa y solidaria.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Esa
pregunta sugiere que soy una cosa. Me gustaría ser lo que soy, pero más y
mejor.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy una persona normal
que tiende a pensar que no tiene vicios importantes. Y pensar así, de una forma
tan tajante, no deja de ser un vicio.
¿Y sus virtudes?
Es una pregunta que
deberían contestar aquellos que me conocen bien. No contestarla por mi parte
lleva implícita, creo, una virtud: la cautela.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Dicen que, en casos
así, la vida propia pasa por delante de uno como una película. Creo que me aliviaría
descubrir, después del asombro y el miedo iniciales, que para las escenas peligrosas
de esa película (como la del ahogamiento) hubieran contratado a un doble y que,
además, para colmo, se pareciera muy poco o nada a mí.
TONI MONTESINOS
19-09-2016
lunes, 19 de septiembre de 2016
Carlos Alcorta escribe acerca de "Contra las cosas redondas"
En la buena literatura, en la buena
poesía abundan más las preguntas que las respuestas. Cualquier obra, si
posee aspiraciones de trascender la realidad, debe plantear al lector
dudas, incógnitas, incertidumbres sobre el entorno, sobre la esencia del
ser; de lo contrario corre el riego de convertirse en un manual de
instrucciones o en uno de esos patéticos libros de autoayuda que tanto
proliferan en la actualidad. Por ir directo al grano, Contra las cosas redondas,
el nuevo libro de Jesús Jiménez Domínguez, está plagado de
interrogaciones que surgen en los versos no de forma premeditada, sino
como consecuencia de la posición que el poeta adopta frente a esa
realidad en la que se quiere profundizar, quizá con la metodología del
arqueólogo, palmo a palmo, marcando catas de sondeo, de conocimiento. El
lugar que elige Jiménez Domínguez resultará incómodo para
quien no esté dispuesto a dejarse seducir por la extrañeza de las
prospecciones y por la extraterritorialidad de quien las realiza, un ser
capaz de mirar el mundo desde las afueras, con la suficiente cordura
como para traspasar unos límites invisibles, los de la historia, sí,
pero también los de sí mismo. Esa mirada produce, forzando, retorciendo
la cotidianidad, innumerables tropos que seducen por su originalidad de
forma natural, sin necesidad de violentar el idioma, como ocurre tan
frecuentemente. Veamos un ejemplo: «Dos cuervos, abrochados a las
cabezas/ los cucuruchos del pico se calzan/ las alas reglamentarias y
acuden a investigarlo». Con el poder de su imaginación, Jesús Jiménez
Domínguez nos invita a internarnos en una escena que parece
representarse por primera vez, una escena que el espectador debe
contemplar sin el lastre de la tradición. Evidentemente, y ya se ha
señalado previamente, la perspicacia del autor le dispensa de caer en
excesos barrocos a la hora de construir analogías eficaces. Se guarda un
especial cuidado por mantener cierta austeridad en la construcción del
verso; las paradojas, la magia de las asociaciones o los juegos de
palabras son fruto de un proceso de intelectualización que tiene lugar
en la propia escritura; no provienen, creemos, de un rapto inspirado o
de una fuente divina. Pierre Réverdy decía que «Cuanto más distantes y
justas sean las relaciones entre dos realidades reunidas entre sí, más
poderosa será la imagen y más emotiva resultará la realidad poética».
Jesús Jiménez Domínguez demuestra fidelidad a este precepto cuando
escribe versos como estos: «En esta bolsa de viaje, madre, guardaste/ lo
necesario: una mente, un estómago y un sexo». Esa precisión, no exenta
de crudeza, nos recuerda algunos versos de Touch, el penúltimo
libro de Henri Cole, en el que el autor analiza la relación con su madre
mientras la observa en la mesa de disección. Por otra parte, quien
busque alguna moraleja tendrá que vérselas con sus propias pretensiones,
que no tienen por qué coincidir con las intenciones del autor.
Contra las cosas redondas
contiene un repudio alegórico del concepto de esfera como perfección
universal, simétrica y ambivalente (recordemos el concepto de la
“armonía de las esferas”, el movimiento armónico de los planetas en el
cosmos o la descripción que hace Dante del cielo como un conjunto de
esferas). Las cosas que nos rodean no siempre son bellas y perfectas,
antes al contrario. En el poema del mismo título, Jesús Jiménez
Domínguez lo expresa de forma manifiesta: «Me niego en redondo a aceptar
tales desplantes./ Ante las formas esféricas opongo las cosas
informes./ Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares./
Aquellas llenas de taras, de abolladuras o de dobleces./ Hermosas y
singulares, sin plegarse a ningún centro,/ solo ellas permanecen y nos
acompañan siempre».
Podemos encuadrar la poesía de nuestro
autor dentro de la llamada poesía del pensamiento, aunque, como ocurre
cuando leemos a autores como Eliot, percibimos un desdoblamiento del yo
en diferentes personajes. El yo que asoma entre rendijas no es un yo
ensimismado sino un yo que dialoga desde diferentes puntos de vista con
sus distintos yoes —el poeta trata de ocultarse en otros personajes— y
con el mundo que le rodea, incluso con ciertas dosis de ironía, acaso
porque el hombre moderno, como decía Octavio Paz, «asume el disfraz para
combatir un estado de temor y precariedad cuyos orígenes son el exceso
de cultura histórica y la afirmación del saber científico como forma
espiritual hegemónica». El mundo caótico y en desorden en el que vivimos
entra en conflicto con ese mundo en el que está «Todo en completo
orden, perfectamente dispuesto/ como en el comienzo de una partida de
ajedrez» del primer poema del libro, un mundo que los poetas van
desvelando mientras esperan «que hiervan […] las palabras». La poesía es
un hervidero, «la alumna aventajada de la Luz», «una mitad del corazón
[que] convierte/ en tinta la sangre que la otra mitad
le entregó». Desde el romanticismo se ha intentando convencer al lector
de que no necesita más información sobre el autor que la que proviene de
la propia obra porque, de lo contrario, la comprensión de dicha obra
quedaría alterada por ese conocimiento externo. Algunas de las más
afamadas teorías estéticas contemporáneas abundan en ese planteamiento;
sin embargo, nosotros pensamos que, huyendo de los maximalismos, ciertas
circunstancias vitales benefician la comprensión de la obra. Nos parece
razonable separar a la persona de su obra, pero no podemos dejar de
preguntarnos si ésta se ha mantenido impermeable a dicho contacto. En el
caso de Jesús Jiménez Domínguez es muy posible que su profesión tenga
algo que ver con esa bifurcación que sufre la identidad en algunos
momentos de este libro, como ocurre en el poema «Vida en el espejo»: «Mi
otro yo sale a la calle paralela de la irrealidad en su cuidad de
azogue». Recordemos que en la catóptrica, o ciencia de los espejos
barroca, la mirada era capaz de crear reinos imaginarios que atrapaban
con en su laberíntica red al espectador. Acaso Jesús Jiménez Domínguez
se haya dejado atrapar en más de una ocasión por los sucesos de esos
reinos fabulosos y de sus revelaciones provengan versos tan seductores e
inquietantes como estos: «Las frutas, dispuestas en los mercados como
los santos/ de un retablo románico, parecían querer decirnos algo:/
huesos envueltos en rojo papel de charol, en cuero/ verde y amarillo, en
grueso terciopelo beige». En Contra las cosas redondas los
versos —de marcado carácter narrativo, pero con un amplio abanico de
posibilidades rítmicas, cercanos en algunos casos a la prosodia
homérica— lejos de ser un instrumento al servicio de la realidad, nos
vinculan con esos mundos paralelos que persisten en nuestra mente a
pesar de la rudimentaria prevalencia de sensatez. La hondura de la
visión que ofrecen, la variedad de las partes del libro que,
paradójicamente, contribuyen a su unidad, la yuxtaposición de tiempos y
espacios, la alternancia de puntos de vista, la flexibilidad lingüística
son razones más que sobradas para considerar este libro como uno de los
más interesantes hallazgos de la poesía reciente.
CARLOS ALCORTA
Carlos Alcorta - Literatura y Arte
13-09-2016
Carlos Alcorta - Literatura y Arte
13-09-2016
lunes, 12 de septiembre de 2016
Juego (Joan Vinyoli)
JUEGO
(UN POEMA DE JOAN VINYOLI)
Me he vuelto una bola de billar
de marfil que rueda empujada siempre
por el taco siniestro y, dolorosamente,
topando contra las bandas del rectángulo,
es repelida con seca violencia,
sin parar.
Ya no puedo jugar más, retírame
del fieltro verde, jugador empedernido,
déjame sentir cómo van cayendo las horas,
cómo cesan el ruido y el movimiento,
cómo, inactivo, el marfil se hace cera,
que fundirá, al final, la mano del fuego.
[Traducción: Carlos Vitale]
lunes, 5 de septiembre de 2016
Explorador (Yehuda Amijai)
EXPLORADOR
(UN POEMA DE YEHUDA AMIJAI)
Hace muchos años
fui enviado
a explorar la tierra
más allá de los treinta años.
Me quedé allí
y no volví a los que me enviaron,
para no tener
que contarles nada
de esta tierra
y no tener
que mentir.
[Traducción: Raquel García Lozano]
lunes, 29 de agosto de 2016
El erizo (Bernardo Atxaga)
EL ERIZO
(UN POEMA DE BERNARDO ATXAGA)
El erizo despierta al fin en su nido de hojas secas,
y acuden a su memoria todas las palabras de su lengua,
que, contando los verbos, son poco más o menos veintisiete.
Luego piensa: El invierno ha terminado,
Soy un erizo, Dos águilas vuelan sobre mí;
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
¿En qué parte de la montaña os escondéis?
Ahí está el río, Es mi territorio, Tengo hambre.
Y vuelve a pensar: Es mi territorio, Tengo hambre,
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
¿En qué parte de la montaña os escondéis?
Sin embargo, permanece quieto, como una hoja seca más,
porque aún es mediodía, y una antigua ley
le prohibe las águilas, el sol y los cielos azules.
Pero anochece, desaparecen las águilas, y el erizo,
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
Desecha el río y sube por la falda de la montaña,
tan seguro de sus púas como pudo estarlo
un guerrero de su escudo, en Esparta o en Corinto;
Y de pronto atraviesa el límite, la línea
que separa la tierra y la hierba de la nueva carretera,
de un solo paso entra en su tiempo y el mío;
Y como su diccionario universal
no ha sido corregido ni aumentado
en estos últimos siete mil años,
no reconoce las luces de nuestro automóvil,
y ni siquiera se da cuenta de que va a morir.
lunes, 22 de agosto de 2016
Un diálogo con Antón Castro
Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970)
es una de las voces más personales de la lírica española de los últimos
años. Con la llegada de la primavera publicaba en La Bella Varsovia su
libro Contras las cosas redondas, que pronto llegó a su segunda
edición. Aquí el autor explica algunas de las claves del libro, su
poética y recomienda algunos libros para leer en verano. O en cualquier
momento del año. El sábado 13 de agosto se publicaba en Heraldo de Aragón un amplio fragmento; hoy
aparece al completo.
¿Cuál es el ánimo esencial de Contra las cosas redondas?
Una
exaltación -siquiera indirecta, siquiera digresiva- de la vida mediante
la observación de personas y cosas que la acompañan y un día la dejan.
Sigo preguntándome por los asuntos de siempre: quién soy yo y cómo es
este mundo. En qué consiste esto de vivir cuando la vida nos viene dada
sin garantía ni manual de instrucciones. Hay muchas preguntas en este
libro y pocas certezas.
Dice
en el primer poema: “Los días, llegando de uno en uno, / rebosan las
orillas del corazón y lo desbordan”. ¿Eso qué es: aceptación gozosa del
presente u otra cosa?
Beneplácito,
aceptación dichosa del presente; pero también asombro y fascinación
ante ese caudal salvaje y desordenado que es la suma de instantes: la
vida.
En
el poema que da título al libro, dice que prefiere las cosas informes,
las imperfectas, con taras. ¿A qué tipo de imperfección se refiere?
Hay
una cierta rebeldía ante la tiranía de lo bello, perfecto y armónico a
favor de lo imperfecto, raro y aparentemente vulgar. Un “camino de
imperfección”, como sugiere el poeta, ensayista y crítico Antonio Rivero
Taravillo. Una versión light de
aquellos versos de Rimbaud: “Una noche, senté a la Belleza en mis
rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié”. Y también una
invitación a dudar de los dogmas de fe, de las verdades supuestamente
inalterables.
¿Cómo se fue armando y organizando el libro, cómo surgieron los poemas?
Suelo
decir que no escribo libros de poesía, sino poemas sueltos a lo largo
de varios, bastantes años. Solo cuando dispongo de un buen puñado de
ellos (alrededor de treinta y cinco o cuarenta poemas) intento armar un
libro, ordenándolos de una manera estratégica, buscando afinidades entre
ellos. En realidad, pienso que los poemas nacen con vocación de
singles, pero el mercado editorial de la poesía (si es que tal existe)
requiere elepés y hasta dobles elepés, así que les envío un montón de
poemas dentro ese engañoso formato.
¿Hay que leer sus partes en una clave especial, como una sinfonía con sus partes o es un orden un poco azaroso?
El
orden de los poemas es bastante fortuito. Cada poema tiene su propio
status independiente: puede leerse por separado y en un orden no
prefijado. En principio, por eso mismo de ir contra un libro “redondo”,
no concebí una estructura cerrada para el libro, pero luego se me
ocurrió el juego tonto de las preposiciones: “Ante” (que se abre con el
poema “Credenciales” y que es la parte más metapoética del poemario),
“Bajo”, “Cabe”, “Con” y “Contra” (que arranca con el poema que da título
al libro).
Uno
de los poemas más emocionantes del libro es ‘La luz’. ¿Podríamos decir
que es un pequeño manifiesto o la clave del conjunto? ¿Una apuesta por
la felicidad?
No
soy muy amigo de manifiestos y panfletos ni siento la necesidad de
pontificar o teorizar. Para mí, la poesía tiene más de pregunta e
indagación que de respuesta y aseveración. Por supuesto, cada poema es
una manifestación. Y me gusta pensar que la poesía es el periódico de lo
invisible y lo fugaz, de esas pequeñas cosas cotidianas en las que
apenas reparamos porque hemos hecho de nuestra vida un río vertiginoso.
Los poemas que me interesan son aquellos que dan noticia íntima de cada
uno de nosotros, aunque sea a mi manera, de forma alegórica.
¿Por qué es la poesía la alumna aventajada de la luz?
Allí
donde la objetividad de la ciencia no llega, lo hace la subjetividad de
la poesía. Esta pone bajo su foco aspectos del mundo y de nosotros
mismos que no conocíamos o que habíamos olvidado. La poesía nos muestra
la cara oculta de las cosas, las ilumina. Es un gran caer en la cuenta,
como decía Valente.
Este
también es el libro de las pequeñas cosas, de los actos inadvertidos,
¿qué te da la observación de lo cotidiano, en qué radica su poesía?
Con
las cosas más cotidianas y a primera vista insignificantes puedes armar
un gran poema que hable del mundo. No necesitas palabras ostentosas, ni
palacios marmóreos, ni grandes verdades universales. Dame al azar dos o
tres objetos muy humildes y, con tiempo, te descubriré unas rencillas o
unos amores recónditos entre ellos. Y lo que es mejor: hallarás en sus
asuntos privados tus mismos asuntos. Así funcionan gran parte de mis
poemas.
¿Qué supone para ti alcanzar una segunda edición de poesía?
Supone
la existencia de una confianza firme por parte de la editora, Elena
Medel, al apostar por una vida prolongada del libro cuando la misma
dinámica del mercado editorial parece señalar lo contrario. Dupone
la sospecha, aunque suene muy inmodesto por mi parte, de que en muchos
rincones del país hay un puñado nada desdeñable de lectores, muy fieles y
exigentes, que esperan durante años la publicación de un libro mío y
que compran a ciegas, como si Jiménez Domínguez fuera una marca de
confianza.
Llevas casi dos décadas en la poesía. ¿Cuál ha sido tu evolución, cómo ves tu camino?
Aunque
empecé a escribir poemas a los 9 años, solo publiqué mi primer libro (a
los 30 años) cuando pensé que era una edad apropiada. Ahora que nadie
nos oye, me confesaré: ojalá hubiera esperado algunos años más para
hacerlo. He estado aprendiendo todo el tiempo y sigo haciéndolo, por eso
siempre tengo la impresión de estar empezando. Comencé
muy imbuido por las vanguardias y todos los ismos de principios del
siglo XX. Con el tiempo he sabido, creo, subrayar lo esencial del hecho
poético sin preocuparme de retóricas retorcidas ni de parecer moderno.
¿Quién querría ser moderno pudiendo elegir ser eterno? Esa sería una
noble, aunque utópica, aspiración.
¿Cómo se construye un lenguaje poético personal?
No
tengo ni idea. Todos andamos tras la piedra filosofal del “estilo
propio”, pero no existe una fórmula mágica. Supongo que no queda otra
solución que leer mucho y diverso, intentar ser permeable y no temer a
las influencias. Todo ese maremágnum de influencias adquiridas a lo
largo del tiempo y un prolongado, incansable trabajo de indagación
personal, ayuda a la construcción de un estilo, de un lenguaje poético
personal. Ah, y correr algunos riesgos, buscar tu propio camino sin
pensar si va en una dirección contraria al de los demás.
¿Ha vuelto la poesía a nuestras vidas y a nuestras noches de una manera natural o es un espejismo?
¿Se
fue alguna vez? Esencialmente no. Si la pregunta va en la dirección de
cuál es el momento actual de la poesía en España, tengo que señalar que
esta sigue demostrando su mala salud de hierro frente a cualquier
crisis. Hay una actividad frenética todas las semanas: publicaciones de
libros, presentaciones, recitales, blogs, festivales… Empieza a haber
tantos festivales de poesía como de música.
¿Podrías decirnos por qué debemos leer poesía?
Hace
unos años la Universidad inglesa de Liverpool llegó a la conclusión de
que la poesía estimula la mente y resulta más beneficiosa
terapéuticamente que los libros de autoayuda. No hacían falta tantos
estudios para llegar a esa conclusión. Yo podría dar otras muchas
razones, todas ellas muy personales, pero me quedo con esta, muy
poderosa y primordial: no olvidar quiénes somos.
Recomiéndanos tres o cuatro libros de poesía para leer en verano.
Estuve
el verano pasado en un festival de poesía en Rumanía y me traje de allí
dos nombres ineludibles: Ion Mureşan e Ioan Es.Pop. En
verano, tiempo de amores desordenados, suelo serle infiel a la poesía
para arrimarme más a la novela. Para los que deseen recorrer el camino
inverso recomiendo en esta época del año la poesía llena de viajes
(geográficos e interiores) de Adam Zagajewski (Mano invisible) o de Martín López-Vega (Adulto Extranjero).
Y, sobretodo, la poesía de Wislawa Szymborska, que es amena, luminosa y
siempre fresca. He veraneado más veces en los poemas de Wisława que en el Mediterráneo.
lunes, 15 de agosto de 2016
lunes, 8 de agosto de 2016
La muerte tiene un diente de oro (Óscar Hahn)
LA MUERTE TIENE UN DIENTE DE ORO
(UN POEMA DE ÓSCAR HAHN)
La muerte no tiene dientes: se ríe con la encía pelada.
Y cuando muere un rico, la muerte tiene un diente de oro.
Y cuando muere un pobre, no tiene ningún diente
o le crece un diente picado. ¿Cachái ganso?
La muerte tiene la boca
llena de muelas tristes, de colmillos cariados,
llena de jugo gástrico en lugar de saliva.
Yo tuteo a la muerte.
“Hola, Flaca, le digo. ¿Cómo estái?”
Porque todavía soy un diente de leche.
lunes, 1 de agosto de 2016
"Contra las cosas redondas" o el poder de la metáfora de Jesús Jiménez Domínguez
Jesús Jiménez Domínguez posee el poder de las metáforas, un
poder ilimitado que extiende desde su latir poético al ancho del papel y
convierte las palabras en la medida exacta y equilibrada de la vida y la
muerte, de la infancia y el aprendizaje, del sentir cotidiano que envuelve el
misterio de la existencia, la magia oscura y ancestral de la creación poética.
Colorea con las metáforas cada uno de los rincones de su memoria y nos traslada
al restablecimiento de la alegría perdida, del reencuentro con la palabra. Es
sin duda, maestro equilibrado de la reflexión y la observación, conjuga con su
dominio de la metáfora y la destreza de las palabras, un entramado poliédrico y
brillante.
Es un sentir pleno el que nos traslada con sus poemas con
tendencia alejandrina y eleva el alma humana para hacerla volar sin miedo.
35 poemas que hay que deleitar con lentitud. No he de negar
que en primera vuelta los devoré con una velocidad endiablada y meteórica, fue
en la segunda ocasión, con más lentitud cuando degusté cada pedazo de texto con
más voluptuosidad, con mayor deleite, rozando con las papilas gustativas del
entendimiento y el sentir. Disfrutando de cada poema con suavidad y gozo.
El título ya nos indica una rebeldía para alcanzar la
verdad, así en los últimos versos del poema que da nombre al título,
encontramos la esencia del poeta:
Me niego en
redondo a aceptar tales desplantes.
Ante las formas
esféricas opongo las cosas informes,
elijo las
imperfectas, las imprecisas, las irregulares.
Aquellas llenas de
taras, de abolladuras o de dobleces.
Hermosas y
singulares, sin plegarse a ningún centro,
solo ellas
permanecen y nos acompañan siempre.
Como siempre nos ha de acompañar este manual de supervivencia.
Tan redondo en apariencia, pero solo en apariencia, ya que contiene
innumerables vértices y deformaciones seductoras. Tan imperfecto como lo
humano, pero con una componente intensa de divinidad y orden.
Un canto a la poesía.
Por cierto, elegantísima edición de “La bella Varsovia” con
Elena Medel al frente.
Muy aconsejable.
VÍCTOR MANUEL PÉREZ BENÍTEZ
Blog "Siroco", 27-07-2016
lunes, 18 de julio de 2016
Camino de imperfección
Tras Fundido en negro (Premio Hermanos Argensola, en la desaparecida DVD Ediciones, 2007) y Frecuencias (Premio Ciudad de Burgos, Visor, 2012), el zaragozano Jesús Jiménez Domínguez publica Contra las cosas redondas.
En mi opinión, y quien me conozca sabrá que solo suelo ocuparme de lo
que merece la pena, se trata de uno de los libros de poesía española más
destacables en lo que va de año. Con un verso que rehúye lo enfático
pero que fluye armónico (más algún estupendo texto en prosa), Jiménez
Domínguez consigue un equilibrio difícil de alcanzar y muy natural,
valga la paradoja, cuando se nos ofrece, como la belleza desnuda: esta
lírica entre narración y epifanía, entre observación e imaginación, que
emociona y se dirige también a la inteligencia. No hay aquí
irracionalismo sino apertura a la realidad distinta que es la poesía.
Las composiciones excelentes son muchas, y recorren lugares, museos,
hoteles; se ocupan de Rimbaud o Byron;
tratan de los padres, de la muerte, de la preservación de la vida
mediante el arte. Hay incluso un bellísimo y delicado pastiche oriental,
“Consejos para la extracción y conservación de sombras a partir de los
más variados objetos” –con gotas de esencias de Borges, Foxá, Gray o Pérez Estrada, que cada cual encuentre aromas según sus afinidades–.
En “Helada”, el poeta disecciona la vida y la escritura, subrayando lo paradójico de ambas: “Incluso
aquí dentro, al amparo tibio de la piel, / la vida es una rara
expedición repleta de burocracia: / la sangre del ventrículo izquierdo,
en misión secreta, / a escondidas siempre de la luz, debe dar la vuelta
al cuerpo / para alcanzar, aquí al lado, el lejano ventrílocuo opuesto. /
La poesía: una mitad del corazón convierte / en tinta la sangre que la
otra mitad le envió.”
Otros poemas destacables son “El
escriba sentado”, “Campo visual”, “Desguace”, “La caída en desgracia”,
“Interrogatorio”, “Efectos y causas”, “Bodegón” (al que sigue un más
débil e igualmente pictórico “La lección de anatomía del Dr. Nicolaes
Tulp”)… A menudo Jiménez Domínguez engasta frases lapidarias,
certerísimas, en sus versos, como sucede en “La máquina del tiempo”: “Memoria, eres el trasto sin garantía que la nostalgia / nos vendió en la feria de los milagros y no funcionas bien.”
También sabe manejar el humor irreverente, sin perder exactitud y
exigencia aunque la fórmula sea manida y ya saqueada por otros: “Poesía, no soy digno de que entres en mi página, / pero una metáfora tuya bastará para sanarme.”
En el poema cuyo título adopta Contra las cosas redondas
hay una declaración de principios, en prosaica confesión de tener los
pies en el suelo frente a la consabida música de las esferas y
sublimidades varias que en algunos poetas, a fuerza de repetirlas,
resultan ser de garrafón. Este canto a lo imperfecto constituye el lema
del libro: “Ante las formas esféricas opongo las cosas informes. / Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares. / Aquellas llenas de taras, de
abolladuras o de dobleces. / Hermosas y singulares, sin plegarse a
ningún centro, / solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.”
Con poemas en general de mediana
extensión con tendencia al alejandrino o a versos largos con cesura (a
los que la faja de la tipografía disimula) y en los que cabe el asombro,
la brillantez expresiva, las imágenes y metáforas poderosas, Jiménez
Domínguez ha reunido treinta y cinco poemas bajo la marcada arquitectura
de cinco partes, con siete poemas cada una, a las que dan nombre las
preposiciones “ante”, “bajo”, cabe”, “con”, “contra”. Utilizando la
última de la serie, que aquí no aparece, “tras” la cubierta de este pequeño volumen hay no pocas páginas dignas de recomendación.
ANTONIO RIVERO TARAVILLO
Estado Crítico, 11/07/2016
lunes, 11 de julio de 2016
lunes, 4 de julio de 2016
Jesús Jiménez Domínguez ilumina la realidad con sus poemas
Jesús Jiménez Domínguez hace una poesía engañosamente accesible. Pero
a nada que el lector se adentra en sus versos, cuyo lenguaje preciso y
depurado da una sensación de fácil composición, queda claro que la suya
está muy lejos de ser una poesía corriente.
Contra las cosas redondas,
pulcramente editado por La Bella Varsovia, supone toda una manera de
entender el mundo. Y aunque el poeta se confiese en algún momento
abrumado --"Sí, me rindo: resulta complicado / sorprender a la realidad
en un renuncio", comienza uno de sus poemas--, finalmente encuentra la
herramienta más adecuada para ello: "Poesía, no soy digno de que entres
en mi página, / pero una metáfora tuya bastará para sanarme", concluye
ese mismo poema.
A pesar de que el libro está perfectamente
ordenado en cinco partes, sus poemas podrían dividirse en dos grandes
grupos: los descriptivos y los narrativos. En los primeros, Jiménez
parte a menudo de la observación de un momento trivial, que amplifica a
través de sus versos, e incluso incluye alguna observación moral.
Algunos de los poemas narrativos adoptan la forma de prosa, y son
efectivamente cuentos en los que el autor mezcla por igual imaginación y
lirismo con buen pulso. La introducción casi por sorpresa de elementos
cotidianos rebaja el riesgo de caer en la trascendencia.
Los
versos de Jesús Jiménez son largos, y de esta forma tiene oportunidad de
desarrollar amplias metáforas que iluminan los poemas: "Poesía. la
alumna aventajada de la luz", define en cierto momento. Predomina un
tono de contemplación plena e incluso gozosa, aunque también hay
resquicios para el dolor, en esos momentos en que se evoca la primera
infancia. Pero en resumen, ha escrito un libro a cuyos poemas apetece
irse a vivir.
MIGUEL ÁNGEL ORDOVÁS
El Periódico de Aragón, 23-06-2016
lunes, 27 de junio de 2016
Jesús Jiménez Domínguez, densidad y artesanía
La obra poética de Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970) no ha
dejado de crecer, ahondarse y distinguirse desde que publicara sus
primeros poemas y especialmente desde la aparición de Fundido en negro (DVD ediciones, 2007) al que siguió un ya maduro Frecuencias (Visor, 2012) y al que viene a sumarse ahora Contra las cosas redondas (La Bella Varsovia), un libro -pese al título- rotundo y redondo, lleno de momentos brillantes y profundos.
La primera sección del libro, “Ante”, comienza con “Credenciales”,
que es una especie de primer paso que anuncia el pensamiento
peripatético del libro: “Todo en completo orden, perfectamente dispuesto
/ como en el comienzo de una partida de ajedrez: / a mi diestra el
infinito derecho, el otro a mi izquierda / y yo avanzando en medio de
los dos, Peón Cuatro Rey”. En esta primera sección abundan las notas
metapoéticas: “Los poetas, desvelados, administradores / de un vasto
imperio invisible, preparan café, / esperan que hiervan también las
palabras”, leemos en “Café solo”. “El escriba sentado” es un buen
ejemplo de las metamorfosis que tanto gustaban a Jorge de Sena,
traduciendo, en este caso, una escultura a poema.
“Bajo”, segunda sección, reúne acercamientos al tiempo y la muerte. En este libro Jiménez Domínguez descubre sus dotes de artesano, su capacidad de llevar al poema a donde quiere burilando cada detalle, aprovechándose, cuando conviene, de recursos de otros géneros y, sobre todo, convirtiendo el poema en un artefacto documentado,
muy lejos de cualquier efluvio desahogado. Jiménez Domínguez escribe
poemas con densidad, con varias capas de lectura, sopesa cada palabra
como si fuera lo que es, parte de una aleación que puede malograrse si
los ingredientes no se mezclan correctamente. En “La máquina del tiempo”
observamos a un empleado de tanatorio que tacha nombres en una agenda
amarilla, “jugando distraídamente con las cifras del fechador”. En
“Desguace” cuenta un recuerdo (¿real? ¿apócrifo? Qué más da): “Nos
gustaba jugar dentro del viejo coche fúnebre”. Algunas influencias se
dejan ver más claramente que otras. Diría uno que la más evidente es la
del último Charles Simic, especialmente en poemas como “Piñata negra”.
Jiménez Domínguez sabe siempre, sin embargo, mantener el poema en su
terreno.
“Cabe”, tercera preposición de la lista y tercera sección del libro,
comienza con una chinería (nada nuevo tampoco en la poesía de su autor) y
sigue con otro apócrifo de Simic, “Interrogatorio”. Hay memorables
homenajes a la pintura como “Bodegón” o “La lección de anatomía”, que
están entre lo más logrado del libro. “Contra” incluye algunos poemas
turísticos: Roma, Oporto. “Con” contiene uno de los grandes poemas del
libro, “Cuerpo”:
En esta bolsa de viaje, madre, guardaste
lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.
Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.
Con unas pinzas de cocina, del más grande
al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.
Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas
del camino los anudaste con tendones y venas,
los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.
Terminada la tarea, dejaste un corazón
al cuidado de todo […]
lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.
Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.
Con unas pinzas de cocina, del más grande
al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.
Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas
del camino los anudaste con tendones y venas,
los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.
Terminada la tarea, dejaste un corazón
al cuidado de todo […]
En tiempos de escritura (como todo lo demás) rápida, la
lectura de libros como este, que piden tiempo para seguir todos sus
puntos de fuga, para captar todas las señales, para disfrutar cada
detalle del acabado, suponen un doble disfrute. Nos enseñan
sobre las cosas de nosotros mismos que solemos escondernos y lo hacen
con la anestesia de un fabuloso trabajo artesanal.
MARTÍN LÓPEZ-VEGA
lunes, 13 de junio de 2016
lunes, 6 de junio de 2016
jueves, 2 de junio de 2016
miércoles, 1 de junio de 2016
Presentación y recital en Alcañiz (Teruel)
El próximo sábado 4 de junio, a las 13:00 horas, Ana Muñoz me acompañará para presentar "Contra las cosas redondas" (La Bella
Varsovia, 2ª edición ya) en la librería Santos Ochoa de Alcañiz.
Por la tarde, a las 20:00 horas, en el Teatro Municipal de Alcañiz, habrá un recital de poesía a cargo de Elvira Lozano y un servidor. Ah, con música de Ana Muñoz.
Por la tarde, a las 20:00 horas, en el Teatro Municipal de Alcañiz, habrá un recital de poesía a cargo de Elvira Lozano y un servidor. Ah, con música de Ana Muñoz.
lunes, 30 de mayo de 2016
Feria del Libro de Zaragoza 2016
El viernes 3 de junio, de 19:00 a 21:00 horas, en la plaza Aragón, estaré -bolígrafo en ristre- acechando en la Feria del Libro de Zaragoza. Nos vemos por allí, si queréis.
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