lunes, 8 de agosto de 2016
La muerte tiene un diente de oro (Óscar Hahn)
LA MUERTE TIENE UN DIENTE DE ORO
(UN POEMA DE ÓSCAR HAHN)
La muerte no tiene dientes: se ríe con la encía pelada.
Y cuando muere un rico, la muerte tiene un diente de oro.
Y cuando muere un pobre, no tiene ningún diente
o le crece un diente picado. ¿Cachái ganso?
La muerte tiene la boca
llena de muelas tristes, de colmillos cariados,
llena de jugo gástrico en lugar de saliva.
Yo tuteo a la muerte.
“Hola, Flaca, le digo. ¿Cómo estái?”
Porque todavía soy un diente de leche.
lunes, 1 de agosto de 2016
"Contra las cosas redondas" o el poder de la metáfora de Jesús Jiménez Domínguez
Jesús Jiménez Domínguez posee el poder de las metáforas, un
poder ilimitado que extiende desde su latir poético al ancho del papel y
convierte las palabras en la medida exacta y equilibrada de la vida y la
muerte, de la infancia y el aprendizaje, del sentir cotidiano que envuelve el
misterio de la existencia, la magia oscura y ancestral de la creación poética.
Colorea con las metáforas cada uno de los rincones de su memoria y nos traslada
al restablecimiento de la alegría perdida, del reencuentro con la palabra. Es
sin duda, maestro equilibrado de la reflexión y la observación, conjuga con su
dominio de la metáfora y la destreza de las palabras, un entramado poliédrico y
brillante.
Es un sentir pleno el que nos traslada con sus poemas con
tendencia alejandrina y eleva el alma humana para hacerla volar sin miedo.
35 poemas que hay que deleitar con lentitud. No he de negar
que en primera vuelta los devoré con una velocidad endiablada y meteórica, fue
en la segunda ocasión, con más lentitud cuando degusté cada pedazo de texto con
más voluptuosidad, con mayor deleite, rozando con las papilas gustativas del
entendimiento y el sentir. Disfrutando de cada poema con suavidad y gozo.
El título ya nos indica una rebeldía para alcanzar la
verdad, así en los últimos versos del poema que da nombre al título,
encontramos la esencia del poeta:
Me niego en
redondo a aceptar tales desplantes.
Ante las formas
esféricas opongo las cosas informes,
elijo las
imperfectas, las imprecisas, las irregulares.
Aquellas llenas de
taras, de abolladuras o de dobleces.
Hermosas y
singulares, sin plegarse a ningún centro,
solo ellas
permanecen y nos acompañan siempre.
Como siempre nos ha de acompañar este manual de supervivencia.
Tan redondo en apariencia, pero solo en apariencia, ya que contiene
innumerables vértices y deformaciones seductoras. Tan imperfecto como lo
humano, pero con una componente intensa de divinidad y orden.
Un canto a la poesía.
Por cierto, elegantísima edición de “La bella Varsovia” con
Elena Medel al frente.
Muy aconsejable.
VÍCTOR MANUEL PÉREZ BENÍTEZ
Blog "Siroco", 27-07-2016
lunes, 18 de julio de 2016
Camino de imperfección
Tras Fundido en negro (Premio Hermanos Argensola, en la desaparecida DVD Ediciones, 2007) y Frecuencias (Premio Ciudad de Burgos, Visor, 2012), el zaragozano Jesús Jiménez Domínguez publica Contra las cosas redondas.
En mi opinión, y quien me conozca sabrá que solo suelo ocuparme de lo
que merece la pena, se trata de uno de los libros de poesía española más
destacables en lo que va de año. Con un verso que rehúye lo enfático
pero que fluye armónico (más algún estupendo texto en prosa), Jiménez
Domínguez consigue un equilibrio difícil de alcanzar y muy natural,
valga la paradoja, cuando se nos ofrece, como la belleza desnuda: esta
lírica entre narración y epifanía, entre observación e imaginación, que
emociona y se dirige también a la inteligencia. No hay aquí
irracionalismo sino apertura a la realidad distinta que es la poesía.
Las composiciones excelentes son muchas, y recorren lugares, museos,
hoteles; se ocupan de Rimbaud o Byron;
tratan de los padres, de la muerte, de la preservación de la vida
mediante el arte. Hay incluso un bellísimo y delicado pastiche oriental,
“Consejos para la extracción y conservación de sombras a partir de los
más variados objetos” –con gotas de esencias de Borges, Foxá, Gray o Pérez Estrada, que cada cual encuentre aromas según sus afinidades–.
En “Helada”, el poeta disecciona la vida y la escritura, subrayando lo paradójico de ambas: “Incluso
aquí dentro, al amparo tibio de la piel, / la vida es una rara
expedición repleta de burocracia: / la sangre del ventrículo izquierdo,
en misión secreta, / a escondidas siempre de la luz, debe dar la vuelta
al cuerpo / para alcanzar, aquí al lado, el lejano ventrílocuo opuesto. /
La poesía: una mitad del corazón convierte / en tinta la sangre que la
otra mitad le envió.”
Otros poemas destacables son “El
escriba sentado”, “Campo visual”, “Desguace”, “La caída en desgracia”,
“Interrogatorio”, “Efectos y causas”, “Bodegón” (al que sigue un más
débil e igualmente pictórico “La lección de anatomía del Dr. Nicolaes
Tulp”)… A menudo Jiménez Domínguez engasta frases lapidarias,
certerísimas, en sus versos, como sucede en “La máquina del tiempo”: “Memoria, eres el trasto sin garantía que la nostalgia / nos vendió en la feria de los milagros y no funcionas bien.”
También sabe manejar el humor irreverente, sin perder exactitud y
exigencia aunque la fórmula sea manida y ya saqueada por otros: “Poesía, no soy digno de que entres en mi página, / pero una metáfora tuya bastará para sanarme.”
En el poema cuyo título adopta Contra las cosas redondas
hay una declaración de principios, en prosaica confesión de tener los
pies en el suelo frente a la consabida música de las esferas y
sublimidades varias que en algunos poetas, a fuerza de repetirlas,
resultan ser de garrafón. Este canto a lo imperfecto constituye el lema
del libro: “Ante las formas esféricas opongo las cosas informes. / Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares. / Aquellas llenas de taras, de
abolladuras o de dobleces. / Hermosas y singulares, sin plegarse a
ningún centro, / solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.”
Con poemas en general de mediana
extensión con tendencia al alejandrino o a versos largos con cesura (a
los que la faja de la tipografía disimula) y en los que cabe el asombro,
la brillantez expresiva, las imágenes y metáforas poderosas, Jiménez
Domínguez ha reunido treinta y cinco poemas bajo la marcada arquitectura
de cinco partes, con siete poemas cada una, a las que dan nombre las
preposiciones “ante”, “bajo”, cabe”, “con”, “contra”. Utilizando la
última de la serie, que aquí no aparece, “tras” la cubierta de este pequeño volumen hay no pocas páginas dignas de recomendación.
ANTONIO RIVERO TARAVILLO
Estado Crítico, 11/07/2016
lunes, 11 de julio de 2016
lunes, 4 de julio de 2016
Jesús Jiménez Domínguez ilumina la realidad con sus poemas
Jesús Jiménez Domínguez hace una poesía engañosamente accesible. Pero
a nada que el lector se adentra en sus versos, cuyo lenguaje preciso y
depurado da una sensación de fácil composición, queda claro que la suya
está muy lejos de ser una poesía corriente.
Contra las cosas redondas,
pulcramente editado por La Bella Varsovia, supone toda una manera de
entender el mundo. Y aunque el poeta se confiese en algún momento
abrumado --"Sí, me rindo: resulta complicado / sorprender a la realidad
en un renuncio", comienza uno de sus poemas--, finalmente encuentra la
herramienta más adecuada para ello: "Poesía, no soy digno de que entres
en mi página, / pero una metáfora tuya bastará para sanarme", concluye
ese mismo poema.
A pesar de que el libro está perfectamente
ordenado en cinco partes, sus poemas podrían dividirse en dos grandes
grupos: los descriptivos y los narrativos. En los primeros, Jiménez
parte a menudo de la observación de un momento trivial, que amplifica a
través de sus versos, e incluso incluye alguna observación moral.
Algunos de los poemas narrativos adoptan la forma de prosa, y son
efectivamente cuentos en los que el autor mezcla por igual imaginación y
lirismo con buen pulso. La introducción casi por sorpresa de elementos
cotidianos rebaja el riesgo de caer en la trascendencia.
Los
versos de Jesús Jiménez son largos, y de esta forma tiene oportunidad de
desarrollar amplias metáforas que iluminan los poemas: "Poesía. la
alumna aventajada de la luz", define en cierto momento. Predomina un
tono de contemplación plena e incluso gozosa, aunque también hay
resquicios para el dolor, en esos momentos en que se evoca la primera
infancia. Pero en resumen, ha escrito un libro a cuyos poemas apetece
irse a vivir.
MIGUEL ÁNGEL ORDOVÁS
El Periódico de Aragón, 23-06-2016
lunes, 27 de junio de 2016
Jesús Jiménez Domínguez, densidad y artesanía
La obra poética de Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970) no ha
dejado de crecer, ahondarse y distinguirse desde que publicara sus
primeros poemas y especialmente desde la aparición de Fundido en negro (DVD ediciones, 2007) al que siguió un ya maduro Frecuencias (Visor, 2012) y al que viene a sumarse ahora Contra las cosas redondas (La Bella Varsovia), un libro -pese al título- rotundo y redondo, lleno de momentos brillantes y profundos.
La primera sección del libro, “Ante”, comienza con “Credenciales”,
que es una especie de primer paso que anuncia el pensamiento
peripatético del libro: “Todo en completo orden, perfectamente dispuesto
/ como en el comienzo de una partida de ajedrez: / a mi diestra el
infinito derecho, el otro a mi izquierda / y yo avanzando en medio de
los dos, Peón Cuatro Rey”. En esta primera sección abundan las notas
metapoéticas: “Los poetas, desvelados, administradores / de un vasto
imperio invisible, preparan café, / esperan que hiervan también las
palabras”, leemos en “Café solo”. “El escriba sentado” es un buen
ejemplo de las metamorfosis que tanto gustaban a Jorge de Sena,
traduciendo, en este caso, una escultura a poema.
“Bajo”, segunda sección, reúne acercamientos al tiempo y la muerte. En este libro Jiménez Domínguez descubre sus dotes de artesano, su capacidad de llevar al poema a donde quiere burilando cada detalle, aprovechándose, cuando conviene, de recursos de otros géneros y, sobre todo, convirtiendo el poema en un artefacto documentado,
muy lejos de cualquier efluvio desahogado. Jiménez Domínguez escribe
poemas con densidad, con varias capas de lectura, sopesa cada palabra
como si fuera lo que es, parte de una aleación que puede malograrse si
los ingredientes no se mezclan correctamente. En “La máquina del tiempo”
observamos a un empleado de tanatorio que tacha nombres en una agenda
amarilla, “jugando distraídamente con las cifras del fechador”. En
“Desguace” cuenta un recuerdo (¿real? ¿apócrifo? Qué más da): “Nos
gustaba jugar dentro del viejo coche fúnebre”. Algunas influencias se
dejan ver más claramente que otras. Diría uno que la más evidente es la
del último Charles Simic, especialmente en poemas como “Piñata negra”.
Jiménez Domínguez sabe siempre, sin embargo, mantener el poema en su
terreno.
“Cabe”, tercera preposición de la lista y tercera sección del libro,
comienza con una chinería (nada nuevo tampoco en la poesía de su autor) y
sigue con otro apócrifo de Simic, “Interrogatorio”. Hay memorables
homenajes a la pintura como “Bodegón” o “La lección de anatomía”, que
están entre lo más logrado del libro. “Contra” incluye algunos poemas
turísticos: Roma, Oporto. “Con” contiene uno de los grandes poemas del
libro, “Cuerpo”:
En esta bolsa de viaje, madre, guardaste
lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.
Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.
Con unas pinzas de cocina, del más grande
al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.
Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas
del camino los anudaste con tendones y venas,
los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.
Terminada la tarea, dejaste un corazón
al cuidado de todo […]
lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.
Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.
Con unas pinzas de cocina, del más grande
al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.
Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas
del camino los anudaste con tendones y venas,
los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.
Terminada la tarea, dejaste un corazón
al cuidado de todo […]
En tiempos de escritura (como todo lo demás) rápida, la
lectura de libros como este, que piden tiempo para seguir todos sus
puntos de fuga, para captar todas las señales, para disfrutar cada
detalle del acabado, suponen un doble disfrute. Nos enseñan
sobre las cosas de nosotros mismos que solemos escondernos y lo hacen
con la anestesia de un fabuloso trabajo artesanal.
MARTÍN LÓPEZ-VEGA
lunes, 13 de junio de 2016
lunes, 6 de junio de 2016
jueves, 2 de junio de 2016
miércoles, 1 de junio de 2016
Presentación y recital en Alcañiz (Teruel)
El próximo sábado 4 de junio, a las 13:00 horas, Ana Muñoz me acompañará para presentar "Contra las cosas redondas" (La Bella
Varsovia, 2ª edición ya) en la librería Santos Ochoa de Alcañiz.
Por la tarde, a las 20:00 horas, en el Teatro Municipal de Alcañiz, habrá un recital de poesía a cargo de Elvira Lozano y un servidor. Ah, con música de Ana Muñoz.
Por la tarde, a las 20:00 horas, en el Teatro Municipal de Alcañiz, habrá un recital de poesía a cargo de Elvira Lozano y un servidor. Ah, con música de Ana Muñoz.
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