El año pasado la escritora y traductora croata Željka Lovrenčić tuvo la
paciencia y la amabilidad de traducir a su idioma una decena de poemas
míos para la revista “Književna Rijeka”. No había tenido ocasión de ver
el resultado hasta hoy. Cuelgo uno de los poemas y desde aquí le doy las gracias.
lunes, 29 de junio de 2015
lunes, 22 de junio de 2015
lunes, 15 de junio de 2015
Juventud hermosa (Gottfried Benn)
JUVENTUD HERMOSA
(UN POEMA DE GOTTFRIED BENN)
La boca de una chica que había reposado largamente en el cañaveral
estaba muy roída.
Cuando se le abrió el pecho, el esófago estaba muy agujereado.
Al final, en una glorieta debajo del diafragma,
apareció un nido de ratas jóvenes.
Una de las pequeñuelas estaba muerta.
Las otras se nutrían de hígado y riñones,
bebían la sangre helada y habían
pasado allí una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida les llegó también la muerte:
las tiraron a todas al agua.
¡Ah, cómo chillaban los tiernos hociquillos!
[Traducción: José Manuel López de Abiada]
lunes, 8 de junio de 2015
Plegaria (Ana Blandiana)
PLEGARIA
(UN POEMA DE ANA BLANDIANA)
Dios de las libélulas, de las mariposas nocturnas,
de las alondras y las lechuzas,
Dios de las lombrices, de los escorpiones
y de las cucarachas de cocina,
Dios que enseñaste a cada uno algo distinto
y sabes de antemano qué le ocurrirá a cada cual,
daría lo que fuera por entender lo que sentiste
al fijar las proporciones
de los venenos, colores y perfumes,
al colocar en un pico el cantar, y el graznar en otro,
y en un alma el crimen, y el éxtasis en otra,
daría lo que fuera sobre todo por saber si te arrepentiste
al hacer víctimas a unos y a otros verdugos,
igualmente culpable ante todos
porque a todos dejaste ante hechos consumados.
Dios de la culpabilidad de decidir en solitario
la proporción entre el bien y el mal,
balanza que apenas mantiene en equilibrio
el cuerpo ensangrentado
del hijo que no se te parece.
[Traducción: Catalina Iliescu Gheorghiu]
lunes, 4 de mayo de 2015
Shelley (Charles Simic)
SHELLEY
(UN POEMA DE CHARLES SIMIC)
------------------------------------------------------A M. Follain
Poeta de las hojas muertas llevadas por el viento
como espectros, como multitudes contagiadas
por la peste, te leí por primera vez
en Nueva York, una tarde de lluvia,
con mi atroz acento eslavo,
recitando los versos melifluos
de un libro destrozado, desteñido,
que había comprado aquel mismo día
en una librería de viejo de la Cuarta Avenida
en la que atendía un iniciado en ciencias ocultas.
Con muy poco dinero, y casi ya todo gastado,
caminaba por la calle, la nariz en el libro.
Me senté en un café destartalado
con las moscas del verano pasado muertas sobre la mesa.
El dueño era un antiguo marinero
a quien le había crecido una enorme joroba en la espalda
de tanto contemplar la lluvia y la calle desierta.
Le hizo feliz que me sentara allí a leer,
y rellenaba mi taza con un líquido oscuro como el agua de la Estigia.
Shelley hablaba de un loco, ciego rey moribundo;
de soberanos que ni ven, ni sienten, ni saben;
de tumbas de las que un glorioso fantasma podía
salir para iluminar nuestro día tempestuoso.
También yo me sentía un glorioso fantasma
yendo a cenar
al restaurante chino que frecuentaba entonces.
Cada noche me servía sopa y arroz
un camarero con tres dedos
que jamás dijo una palabra.
Nunca vi a nadie más allí.
La cocina estaba tras una cortina
de perlas de vidrio, que sonaban ligeramente
en cuanto se abría la puerta de la calle.
Aquella tarde se abrió
para dejar entrar a una pálida muchacha con gafas.
El poeta hablaba del sempiterno universo
de las cosas... De destellos de un mundo remoto
que el alma visita en el sueño...
De un desierto habitado sólo por tormentas...
Aquí y allá en las calles paraguas rotos
como cometas fúnebres
fabricadas quizás por aquella china minúscula.
Los bares de MacDougal Street se quedaban vacíos.
Ya había habido una pelea a puño limpio.
Un hombre apoyado en una lámpara extendía los brazos
como crucificado, dejando que la lluvia lavase la sangre de su cara.
En un callejón mal iluminado
en el que la acera brillaba como el espejo
de una sala de baile a la hora de cierre
un hombre bien vestido y descalzo
me pidió dinero.
Le brillaban los ojos, tenía ese aire triunfal
de un campeón de esgrima
que acabase de asestar un golpe definitivo.
Qué extraño era todo... La tómbola del mundo
en aquella oscura noche de octubre...
Y el libro de poemas amarillento
con sus Esplendores y Miserias
que yo estudiaba a la luz de los escaparates
de farmacias y peluquerías,
temeroso de volver a mi cuartucho sin ventanas,
frío como la tumba de un emperador niño.
[Traducción: Martín López-Vega]
lunes, 27 de abril de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
lunes, 23 de marzo de 2015
Presentación de "El hundimiento", de Manuel Vilas
El próximo 28 de marzo, sábado, a las 13:00 horas, Manuel Vilas presenta su libro de poemas El hundimiento (Visor, 2015, Premio de Poesía Generación del 27). Será en la zaragozana librería Antígona.
Pondrán voz a sus poemas Irene Vallejo, Ingrid Magrinyà, Nacho Tajahuerce, Jesús Jiménez Domínguez, Ángel Gracia, Miguel Serrano Larraz, Miguel Ángel Ortiz Albero, Alberto Acerete y David Mayor.
lunes, 9 de marzo de 2015
Las piedras (Arturo Gutiérrez Plaza)
LAS PIEDRAS
(UN POEMA DE ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA)
De las piedras se habla con envidia,
quizás, porque ellas no hablan.
No fruncen el ceño
y aparentan desatender
lo que a su alrededor acontece.
Obviamente, todo esto es mentira.
No vuelan, pero enseñan a los pájaros a
volar.
Se detienen en los abismos, al pie
de los puentes, al margen de los ríos
y desde allí advierten como anónimos vigías
los peligros de sostenerse en el aire.
Cultivan además varias lenguas sin poseer
ninguna.
Su arte está en hablar por la boca de otros.
El aire las recuerda cada vez
que los páramos silban en el viento
y los ríos cuando nos adormecen
con su insaciable ronquido.
Si se agrupan lo hacen
como gesto fraterno, pues odian la soledad.
De ellas se escribe siempre
para hablar de otra cosa.
Su aparente mudez
es tan sólo una licencia que Dios las da,
pues así nos interroga.
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