lunes, 5 de mayo de 2014

La preparación (Dan Pagis)




LA PREPARACIÓN
(UN POEMA DE DAN PAGIS)

También yo, como todos los monos del vecindario,
chillo de rama en rama:
el tiempo de la antigüedad, repleto de sol, ha pasado.
Hace frío. Las nueces están muy duras.
Los carnívoros cada vez son más ágiles.

Es la hora, emigro. Adiós.

Hey, qué me está pasando,
se me traba la lengua,
mis hombros, ¿dónde están mis hombros?
De repente gano estatura,
verticalidad,
súbitamente me someto
a qué, ¡a una frente altiva!
Bombillas, bombillas parpadeantes.

Cuán caritativo este silencio. Soy casi, casi perfecto.
Elijo un traje elegante,
me visto,
enciendo sin prisa un cigarrillo
y, con mi fiel amigo el cronómetro,
me siento a la mesa, preparado del todo
para jugar al ajedrez.


[Versión al castellano: JJD]

lunes, 28 de abril de 2014

¡Busca, busca! (Joseph Stroud)


¡BUSCA, BUSCA!
(UN POEMA DE JOSEPH STROUD)

En los animales la inteligencia se mide a menudo por su capacidad
para entretenerse cuando están solos. En esto se asemejan
a los poetas. También sabemos enterrar un hueso y luego regresar a él
sorprendidos de haberlo encontrado. No tenemos rabo que menear,
pero cuando la Musa dice ¡Ladra!, ladramos. Damos una voltereta.
Estamos tan contentos como el perro que monta en el coche.


[Versión al castellano: JJD]
 


lunes, 21 de abril de 2014

Presentación de "Plus de peligrosidad", de Sebas Puente


Presentación de
Plus de peligrosidad

un libro de Sebas Puente Letamendi
con prólogo de Jesús Jiménez Domínguez

el jueves 24 de abril
a las 20:00 horas
en FNAC de Zaragoza

presentarán
Ana Muñoz e Ignacio Escuín


No sé todavía si Plus de peligrosidad es el libro de un letrista pop o si las letras de las canciones de Tachenko son obra de un poeta en ciernes, pero muy de nuestro tiempo. No lo tengo muy claro y no me importa en absoluto. Baste decir que Sebas Puente ha escrito un puñado de buenos poemas, sugerentes y “sabios” partiendo de una muy fresca intuición. La intuición de quien halla su propio camino sin buscarlo, sin pararse a mirar demasiado cuál es el camino por el que circula la joven poesía española, alguna de ella temprana y apresuradamente canonizada.


Parafraseando uno de sus poemas (el autor me perdone), es posible que Sebas Puente sea uno de esos (auto)expulsados de la orla que monta su propia galería para compartir con nosotros “esos átomos de sabiduría privada”. Los interesados, por favor, lean este libro y entenderán por qué.

[Extracto del prólogo] 

lunes, 14 de abril de 2014

Nombres borrados (Juan Vicente Piqueras)


NOMBRES BORRADOS
(UN POEMA DE JUAN VICENTE PIQUERAS)

La mente no es un lápiz para tomar apuntes,
...............es una goma de borrar.
                                                      Marko Vesovič


Mi padre fue perdiendo poco a poco el lenguaje. 
Y empezó por los nombres. Lo primero
que olvidó su cerebro no fueron los adverbios
ni los pronombres ni los adjetivos,
como uno estaría tentado de creer,
ni las motas de polvo de las preposiciones,
sino los sustantivos.

La manzana dejó de ser manzana,
el vaso pasó a ser eso,
y quienes se acercaban dejaban de llamarse.

La muerte comenzó su labor minuciosa 
robándole los nombres,
borrándolos, poniendo 
en su lugar un esto o un aquello,
un dame, un balbuceo, un gesto de la mano.

Lo último que se pierde son los verbos,
los verbos que se mueven en la sangre
como peces hasta que acaba el mundo,
hasta que ya no puede el cuerpo con su alma.

Los adjetivos son afectuosos,
visten de amor lo que miran
y por eso perviven.

Pero los nombres se esfuman.
Y la sustancia de los sustantivos
es agua de borrajas, niebla, torres de humo.

La manzana deja de ser manzana.
La palabra dolor,
quién nos lo hubiera dicho,
no significa nada.


lunes, 7 de abril de 2014

Presentación de "Nocturno casi", de Lorenzo Oliván, en Zaragoza


 Presentación de
Nocturno casi
(libro de poemas de Lorenzo Oliván)

Viernes 11 de abril
20:00 horas
FNAC de Zaragoza
 
Con la presencia de
Manuel Vilas, Jesús Jiménez Domínguez y el autor

lunes, 31 de marzo de 2014

De la violencia a la redención: ritos de paso


DE LA VIOLENCIA A LA REDENCIÓN: RITOS DE PASO

En Autopsia, la fulgurante novela de Miguel Serrano Larraz, hay un episodio germinal que parece anecdótico, pero que de ningún modo lo es: el protagonista, homónimo del autor, sufre la agresión gratuita de unos skinheads cuando vuelve de comprar la trilogía amorosa de Pedro Salinas. En dicho episodio, patético pero ciertamente muy simbólico, el protagonista intenta en vano repeler la violencia oponiendo, a modo de escudo protector, la cultura (el libro de Pedro Salinas). A raíz de aquello, Miguel Serrano personaje escribe un poema con el título El día que me pegaron los skinheads y es premiado, tal cual, en un concurso literario. Acude a la entrega de premios y, en el momento del discurso, sólo es capaz de declarar: “Creo que la poesía todavía puede salvarnos”. Si la novela fuera una televisiva serie de humor, evidentemente aquí se escucharían risas enlatadas.
Fuera de esta escena tan reveladora, la novela es un compendio de temáticas inherentes a la consecución de una madurez personal: los ritos de paso de la infancia a la edad adulta (con la paternidad cerrando un círculo), la filiación y la pertenencia al grupo (ejemplarizado en las tribus urbanas, las diferencias de clase y las redes sociales), etc… Pero Autopsia es, antes que nada, la confesión de unos actos dolosos, los que el protagonista infringe a una compañera de colegio. Esa confesión lleva implícita una fuerte carga de penitencia: de alguna manera, el protagonista de Autopsia desea purgar su culpa y aguarda (busca) un castigo.
Resulta muy esclarecedor que la primera parte de la novela lleve por título “Nombrar”. Muchos personajes de Autopsia están basados en personajes reales de carne y hueso, pero, con acertado criterio, se les ha cambiado los nombres. El nombre del protagonista, sin embargo, permanece tal cual: Miguel Serrano. Es parte de esa penitencia autoimpuesta, de esa exhibición del alma ante la mirada inquisidora del lector. Por si fuera poco, la novela está narrada en primera persona, con lo que difícilmente se podrá pedir menos distancia entre autor, narrador y protagonista. Si este libro asume varios riesgos, uno de ellos, indudablemente, es ese: el de ofrecer un informe, una disección, una autopsia sentimental de un pasado propio con visos de veracidad (en cuanto a verosimilitud, Autopsia pisa en todo momento el terreno de la nueva novela realista).
La novela, aunque no propone un código moral, es una atenta reflexión  sobre la inocencia y la culpa, la piedad y la venganza. Y existe también, en cierta manera, una desmitificación de la infancia como paraíso perdido, la constatación de que la inocencia no nos redime de la culpa ni del daño infringido.
De entre los innumerables personajes que desfilan por el libro (Fonzo, Ochaíta, Laura Buey, Beatriz, Ana, la familia, etc…), dos de ellos parecen tener un peso específico en la educación sentimental de Miguel Serrano protagonista: Hans Castorp y Mensajero.
En un episodio que homenajea a Thomas Bernhard, Mensajero, el personaje más desengañado y caustico del libro, se muestra dolorosamente crítico con lo deleznable que el ser humano puede llegar a ser, sobre todo cuando actúa de manera gregaria. Ve en la ignorancia el origen de la maldad y la violencia del hombre, constata la soledad del ser humano y su imposibilidad de comunicarse con quienes le rodean, examina la incapacidad humana para sustraerse a sus propias obcecaciones y limitaciones.
Por el contrario, Hans Castorp (nombre “tomado prestado” de La montaña mágica, de Thomas Mann) es el personaje más desmedido del libro, al que el autor ha conferido una sabia carga iconoclasta y, por momentos, delirante. Entre las muchas y variopintas ocupaciones de Hans, está la de ser un atípico dj: su oficio consiste en servirse de las experiencias culturales de otros, en refundir ideas ajenas y reinterpretarlas, en usurpar los mitos modernos de la cultura pop. Se trata, en definitiva, de un vampirismo ilustrado.
El narrador de la novela, como buen dj literario, recurre también a ese  vampirismo ilustrado, apropiándose de citas y sampleados literarios: están en Autopsia el Fernando Pessoa de El libro del desasosiego, los dos Thomas (Bernhard y Mann), el Scott Fitzgerald de El Gran Gatsby e incluso Quevedo.
Hans y Mensajero hacen gala de un cierto paternalismo con respecto al protagonista, se erigen en depositarios de un criterio maestro que pueda ser válido para todo, incluido los sentimientos. De alguna manera, se convierten en los moldeadores de su educación sentimental y, juntos los tres, forman una tríada inconformista: son personajes que en el fondo se niegan, por decirlo de algún modo, a participar en el gran juego de los convencionalismos donde nadie les ha explicado las reglas.
En lo formal, la novela de Serrano revela perfectamente los estados de crisis (de conciencia, de relaciones, de identidad) por las que pasa el protagonista. Paralela a una dislocación moral hay una dislocación formal, un orden narrativo propio que arranca de una incomodidad íntima y, en consecuencia, busca la representación de las perplejidades. Es una manera de narrar repleta de feedbacks, de repeticiones, de continuos paréntesis explicativos, de oraciones encadenadas y a menudo disyuntivas para crear, con todo ello, una realidad múltiple, casi cubista.
La Zaragoza de los años 90 que aparece en Autopsia es, además de un escenario geográfico, un estado de ánimo cuya rememoración nada debe a la nostalgia y sí a un claro ajuste de cuentas con el pasado. Ajuste de cuentas con el pasado y con la misma sociedad: la escuela, esa expresión de sociedad embrionaria, parece correr el riesgo de asumir un sistema de valores dominante en el mundo brutal de los adultos, donde el individuo no puede permanecer neutral y ajeno y ya sólo puede ser o acosador o acosado, víctima o verdugo.
Uno de los aspectos más reseñables de esta gran novela generacional es que da una nueva visión más enriquecedora de la violencia al ser tratada desde el punto de vista del acosador (un acosador arrepentido) y no desde la perspectiva victimista del acosado, lo que, en buena parte, otorga otros matices y elude todo riesgo de maniqueísmo simplista. 
El narrador que vimos en Órbita (libro de relatos publicado también en Candaya, 2009) aquí ha crecido desorbitadamente (perdóneseme la redundancia) y es ya una ineludible referencia nacional. Su escritura ha ganado en complejidad, en técnica, en desarrollo narrativo. Miguel Serrano Larraz, además de ser poeta (La sección rítmica, Insultus morbi primus), demuestra sobradamente con Autopsia que es un narrador de altura, con un estilo muy trabajado, potente y personal, un novelista de raza cuyo sólo nombre en las cubiertas de los libros va camino de convertirse en toda una garantía, en una marca de calidad para el difícil oficio de narrar.



Jesús Jiménez Domínguez
Reseña publicada en la revista Turia, nº 109-110, págs. 414-416.

lunes, 24 de marzo de 2014

Hermanos (Dan Pagis)




HERMANOS
(UN POEMA DE DAN PAGIS)

1

Abel tenía el pelo mullido y rubio,

tan dócil
como la más sumisa de sus cabritas,
tan rizado como el humo de la ofrenda
que envió
a la nariz de su Señor.
El de Caín: áspero como un cuchillo.


2

Caín no sale de su asombro. Su manaza

palpa la garganta masacrada ante él:
¿de dónde brotó este silencio?


3


Abel permanece en el campo. Caín persevera en Caín. Desde que fue sentenciado a ser un trotamundos, vagabundea sin descanso. Cada mañana cambia de horizonte. Un día descubre que la tierra lo ha estado engañando todo este tiempo. La tierra se ha deslizado bajo sus pies mientras que él, Caín, ha caminado sobre un punto. Ha estado andando, correteando, corriendo sobre un único pedazo de tierra tan vasto como sus sandalias.


4

En una noche piadosa se topa

con un oportuno pajar.
Engullido, se hunde en él y descansa.
Silencio, Caín duerme.
Risueño, sueña que él es su propio hermano.


5

Nada temas.

Se ha decretado que quien te mate
sea castigado siete veces.
Tu hermano Abel te protege de todo mal.


[Versión al castellano: JJD]

lunes, 17 de marzo de 2014

Desaparecido (Joseph Stroud)


DESAPARECIDO
(UN POEMA DE JOSEPH STROUD)

Sigo esperando encontrar mi rostro en los cartones de leche,
mi foto de niño, desaparecido desde el año 52 ó 53, que dejó su casa
sin decir adiós, que dejó a sus hermanos jugando al béisbol,
que dejó a sus padres levantando la vista de su desayuno, asombrados
de este hijo solitario que se arregla todas las mañanas y regresa cada vez
más perdido y cada vez menos el niño que salió de casa con él.



[Versión al castellano: JJD]