lunes, 7 de mayo de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

No tiene título (Carlos Edmundo de Ory)

Con Carlos Edmundo de Ory. 1994.

NO TIENE TÍTULO
(POR CARLOS EDMUNDO DE ORY)

Cuando yo era niño un hada me regaló una catedral
Cuando yo era niño el color azul se puso de pie delante de mí
Cuando yo era niño llamaba de usted a los peces
Cuando yo era niño vi la sangre del mármol
y vi la mano de Dios tirada en un baratillo
y vi el arpa de David en el despacho de un banquero
vi también por primera vez la lluvia un lunes
Cuando yo era niño me metieron en una familia
pero en realidad yo era el jefe de los violines
Empecé a mentir empecé a orinar aguardiente
No sabía dónde guardar mis cosas
coleccionaba polvo
Un hombre extraordinario llegó a mi cama
y hablándome al oído me dijo:
"Yo soy el marido de la luna "
Siete veces me puse enfermo
Fue siempre a causa de siete sorpresas
No me está permitido enumerarlas salvo dos
La que tuve cuando vi las pestañas de mi ombligo
y la otra que me marcó para toda la vida
Era un tren que llevaba calles a las ciudades
Una vez me dio un beso un lobo
Cuando yo era niño me rompí
Cuando yo era niño mi maestro era un niño
el cual se clavó un clavo en la cabeza
Perdió el habla
De él recibía mensajes por escrito
Todo lo que sé hoy día
se lo debo al niño que me lo enseñó
principalmente el sánscrito
La primera palabra que aprendí a escribir
fue la palabra peine
Nadie sabe que es un verbo
Cuando era niño me escapé del colegio
y me fui a China
Hay muchas cosas que no puedo decir a nadie
casi todas se refieren a las matemáticas
Sobre la madera de los pianos no hay nada que yo no sepa
Un sacerdote me dijo lo que significa fumar
Sé que los sepultureros venden bufandas a los muertos
No he visto cosa más bella que la sombra del pavo real
Durante una hora sufrí el peor de los castigos
fue cuando me dieron de baja de niño en un convento
ya que molesté a las monjas con preguntas de teólogo
Siempre me interesaron las rodillas
En el frío del amanecer está la razón de todo
Cuando yo era niño traje una roca a casa
Coleccionaba saliva
Una vez entré con un caballo en una taberna
Me hicieron subdirector de los jugadores de bolindres
Cuando leí que en la Biblia se hablaba de Postismo
lo primero que hice fue comprarme un bañador
El niño que era mi maestro murió en el frente
Coleccionaba termómetros
Se supo en el gobierno que yo mentía
Planché una paloma para saber lo que es el pecado
y vi bajar de un barco lo que diré
(salvo lo que no me está permitido decir a nadie)
Vi bajar a un abuelo que estornudaba mucho
Vi bajar al inventor de los billares de bolsillo
arruinado llorando
y vi bajar a un bailarín famoso que se me acercó diciéndome
-Sabes rosa mía que he venido hasta aquí
para tocar el corazón de los limpiabotas.

lunes, 9 de abril de 2012

Una brizna de hierba (Brian Patten)



UNA BRIZNA DE HIERBA
(POR BRIAN PATTEN)

Me pides un poema.
Te ofrezco una brizna de hierba.
Dices que no es suficiente.
Me pides un poema.

Digo que basta una brizna de hierba.
Se vistió de rocío.
Es más inmediata
que cualquier imagen mía.

Insistes en que no es un poema.
Se trata de una sencilla brizna de hierba y la hierba
no es lo suficientemente buena.
Te ofrezco una brizna de hierba.

Estás indignada.
Dices que es demasiado fácil ofrecer una brizna de hierba.
Y que es absurdo.
Cualquiera puede ofrecer una brizna de hierba.

Me pides un poema.
Y entonces escribo una tragedia acerca
de lo complicado que resulta ofrecer
una brizna de hierba

y de cómo a medida que se envejece
es más difícil aceptar
esa brizna de hierba.


[Versión al castellano: JJD]

lunes, 2 de abril de 2012

Pecado capital (Daniel Jonas)

PECADO CAPITAL
(POR DANIEL JONAS)


La Victoria de Samotracia
resume más o menos mi historia
sentimental: todas tenían cuerpo
e incluso alas
pero poca cabeza.


[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez]

martes, 27 de marzo de 2012

Cementerio de Veteranos (Dana Gioia)



CEMENTERIO DE VETERANOS
(POR DANA GIOIA)

Las ceremonias del día han terminado,
abandonadas al desfile del cuervo harapiento.
Las banderas se despliegan en la procesión de las orugas.
Las coronas caen sobre las lápidas ensombreciéndolas.

Qué discretamente se reúnen las palomas junto a la entrada
como almas que no tuvieran ni cielo ni averno.
La hierba reclama pacientemente su propiedad perdida
donde un ángel de piedra se erige en centinela.

Las voces que susurran en las hojas consumidas,
enfermizas y atroces, ¿qué pueden esperar
cuando cada estación se nutre de la anterior
y el verde del verano arde con el fuego del otoño?

El ocaso es un solitario hilo de luz
cosido a los jirones de un sauce deshojado,
mientras las ramas languidecen una a una
y el tiempo se riza como un papel que amarillea.


[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez. Publicado en el nº 96 de la revista Clarín]

miércoles, 21 de marzo de 2012

jueves, 15 de marzo de 2012

Contraportada de "Frecuencias" a cargo de Rómulo Bustos

Rómulo Bustos







¿Cómo escribir Poesía después de la Poesía? El poeta camina extranjero por un ya desforestado bosque de símbolos, suspendido tan sólo del frágil hilo de su afónica voz que, de algún modo, pretende salvar la insomne Canción, la real fantasmagoría de la Canción. Es verdad: la Alegoría ha muerto, como declara este poemario; pero en su lugar quedan esas enigmáticas ondas de baja frecuencia que pueblan el Universo de Jiménez y que en su mudez dicen el misterio. Jesús Jiménez lo sabe. Por eso, si a su oído izquierdo susurra el demonio de Demócrito, por el derecho susurra el demonio de Valéry desdiciéndose de que el resto sea sólo literatura. Por eso se esmera en hacer del árbol un ataúd para que la deseante imaginación del lector lo reconstruya con todas sus ramas, sus flores y el fulgor de sus frutos. Ciertamente el corazón y la cabeza son enemigos, pero en su disputa arman una extraña música, con el bífido Ángel de Schlegel dirigiendo, en lejanía, la disonante sinfonía de la ironía infinita… Jiménez, como el hilarante Demócrito, conoce la terapéutica del humor, pese a los corrosivos venenos diseminados en su palabra, o precisamente por ello. Poesía desasosegada, inteligente y lúdica, de súbitos juegos de palabra, de quiebres y giros de ritmo, de elaborado y limpio lenguaje que tiende inusitados puentes entre las diversas zonas de la experiencia, haciéndose sorprendente en su mestizaje. Jiménez es el paradójico nada-dor que, con la disolvente materia del tiempo y su rostro más nefasto (la muerte), urde o deja entrever -acaso a contravía de sí mismo- una sugestiva “metafísica” de la inmanencia contra la soberanía de la Nada.



RÓMULO BUSTOS AGUIRRE

lunes, 12 de marzo de 2012

Dos poemas de "Frecuencias"

Foto: Ana Muñoz




La Estafeta del Viento (la revista digital de poesía de la Casa de América, de notable presencia en el ámbito latinoamericano) publica, a modo de adelanto, dos poemas de Frecuencias, de próxima aparición.


Uno de ellos es éste, que abrirá el libro:


FRECUENCIAS DE ONDA CORTA

Vas a comenzar un viaje.
Atravesarás arenas movedizas,
bancos de niebla, pozas insondables.

Disponte a percibir las señales secretas
que las cosas de la tierra emiten para ti.

El insecto que vuela a tu alrededor,
¿qué contraseña, qué promesa de jardín te trae?

El fuego blanco de la nieve en las copas,
¿logró acallar el fuego verde de los árboles?

La hoja que, a orillas del río, se separa
de la rama del arbusto y cae, ¿podrá unirse
a la rama exacta del agua sin que la rompa?

Llegan ondas de un lado al otro de tus sentidos:
lograste sintonizar un dial secreto del mundo.

Pero te detienes al borde de esta página
y hallas una frecuencia en tu interior,
una transmisión. Un mensaje de ti, atiéndelo.
Es tu corazón paciente: ese traductor,
ese amanuense, ese oficinista incansable
poniendo comas veinticuatro horas al día
a cuanto el asombro profusamente le trae.