miércoles, 11 de enero de 2012

Algo de la poesía del 2011



1- El fugitivo, Jesús Aguado (Vaso Roto).
2- Deshielo a mediodía, Tomas Tranströmer (Nórdica). Traducción de Roberto Mascaró.
3- Tierra inalcanzable, Czeslaw Milosz (Galaxia Gutenberg). Traducción de Xavier Farré.
4- Folclore íntimo, valter hugo mãe (Vaso Roto). Traducción de Martín López-Vega.
5- La adoración, Juan Andrés García Román (DVD).
6- Calima, Lêdo Ivo (Vaso Roto). Traducción de Martín López-Vega.
7- Sobras completas, Dolan Mor (Editura Academiei Internationale Orient-Occident).
8- La gruta de las palabras, Vladimir Holan (Galaxia Gutenberg). Traducción de Clara Janés.
9- La escuela de Wallace Stevens, Harold Bloom (Vaso Roto). Traducción de Jeannette L. Clariond.
10- Las siete edades, Louise Glück (Pre-Textos). Traducción de Mirta Rosenberg.

domingo, 8 de enero de 2012

Vida familiar (Ingemar Leckius)



VIDA FAMILIAR
(POR INGEMAR LECKIUS)

En las largas y lluviosas noches de invierno, cuando el viento aúlla fuera, mi mujer y yo jugamos a las cartas. Jugamos en completo silencio, apostando nuestros cuerpos.

Una media hora más tarde, considero que ya he perdido bastante y me levanto con calma, diciendo: "No juguemos más. No me queda nada que apostar. He perdido todo el exterior de mi cuerpo”. El interior deseo conservarlo.

Pero mi esposa no lo consiente. Con amenazas me obliga a proseguir con el juego. Dejamos de jugar cuando pierdo el cuerpo entero. Sólo mis enfermedades ­-dolores de cabeza, resfriados y fiebres- están en mi lado de la mesa. Son noches, en verdad, bastante tristes.


[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez]

jueves, 5 de enero de 2012

La historia (Dan Pagis)

LA HISTORIA
(POR DAN PAGIS)

Una vez leí una historia
sobre un saltamontes de un día de edad,
un verde aventurero que al anochecer
fue engullido por un murciélago.

Después el búho viejo y sabio
pronunció un breve discurso de consuelo:
también los murciélagos tienen el derecho a la vida,
y quedan por ahí muchos saltamontes todavía.

Después llegó
el final: una página en blanco.

Cuarenta años han pasado.
Inclinado sobre esa página vacía
aún no tengo la fuerza necesaria
para cerrar el libro.


[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez]

lunes, 2 de enero de 2012

Tú, yo y el mundo (Werner Aspenström)



TÚ, YO Y EL MUNDO
(POR WERNER ASPENSTRÖM)

No preguntes quién eres ni quién soy
ni por qué todo es como es.
Permite que los maestros traten esto,
para eso se les paga.
Coloca la balanza de casa sobre la mesa
y deja que la realidad se pese.
Ponte el abrigo.
Apaga la luz al salir.
Cierra la puerta.
Que los muertos embalsamen a los muertos.

Echamos a caminar aquí y ahora.
Quien calza botas de goma blanca
eres tú.
Quien calza botas de goma negra
soy yo.
Pero la lluvia que cae sobre los dos
es la misma lluvia.


[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez]

viernes, 30 de diciembre de 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Aquele que alimenta os mortos




AQUELE QUE ALIMENTA OS MORTOS

Sublinhei um adjectivo num poema de Celan
que fala do tempo e da morte e foi
como se contornasse com giz a forma de um cadáver,
como se o servisse numa bandeja não sei a Quem ou ao Quê
(pois muitas são as bocas que nomeiam, mas só uma nos silencia).
Digo em voz alta esse adjectivo e o seu fantasma aparece,
vem até mim implorando que lhe dê novamente substância,
calor e casa; para que o limpe, o tire das ruas e lhe mostre
o que é feito do mundo e das suas sombras, as palavras.
E antes de ir dormir com o osso desse adjectivo entre os lábios
vou à janela e vejo o poema incompleto da noite,
penso num homem à procura de um adjectivo no fundo do Sena
ou do Tempo onde estão todas as vozes, todas as sombras.
E recordo então o que Kafka escreveu numa madrugada como esta:
Que enquanto os fantasmas engordam, nós morremos.


[Luís Filipe Parrado ha seleccionado y traducido al portugués para el nº 6 de la lisboeta revista "Criatura" cuatro poemas míos de Frecuencias y tres de Fundido en negro. Este es uno de ellos.]

lunes, 26 de diciembre de 2011

En la frontera: poesía española y posmodernidad



EN LA FRONTERA: POESÍA ESPAÑOLA Y POSMODERNIDAD


María Ángeles Naval (ed.), Poesía española posmoderna, Visor, Madrid, 2010



Al adentrarse en la edición de María Ángeles Naval, Poesía española posmoderna (VV.AA., Visor, Madrid, 2010), uno tiene la sensación primera de estar abriendo, uno a uno, los cajones estancos de un armario que, en su totalidad, sólo se podría definir y desarmar desde su propio interior oscuro. Lo que se ha venido denominando “posmodernidad” no es sino la amalgama de diversos planteamientos sin un encadenamiento teórico claro: en ese cajón de sastre abundan desde ideas nietzscheanas hasta conceptos del Pragmatismo anglosajón, todo ello regado con una terminología con base en Heidegger y en los existencialistas.

Ya adelanta José-Carlos Mainer en el prólogo que el inevitable marchamo de lo posmoderno trae consigo una cierta conciencia de transitoriedad, de pisar un terreno que se hunde constantemente bajo los pies. Como lo posmoderno no significa forzosamente lo “contrario” de lo moderno, sino más bien su desbordamiento (es la modernidad misma que en su autocumplimiento invierte sus particularidades y efectos culturales), justo es rebobinar un poco la historia de la reciente poesía española con el fin de situarnos en el inicio de la democracia en España y ganar perspectiva. En su artículo “Acordes del desconcierto: encrucijadas de la poesía española actual”, Ángel L. Prieto de Paula se aplica a ello con el suficiente rigor.

Empachada del culturalismo de la escuela novísima, la poesía española busca en los primeros 80 la vuelta al yo, a la intimidad, a la cotidianidad, al tono menor y confesional. En resumidas cuentas: a la petit historie. Es uno de los rasgos de identidad de la literatura posmoderna: la desconfianza en los metarrelatos y la sospecha de que la razón sólo ha sido una narrativa entre otras más en la historia; una meta-narrativa, sin duda, pero una de tantas. El discurso vanguardista pierde prestigio frente a un compromiso humano en el sentido más amplio de la palabra e irrumpe la “poesía de la experiencia”, etiqueta rescatada -con más o menos acierto- de la obra The poetry of experience de Robert Langbaum. Sin embargo, la falta de perspectiva ante una poesía tan reciente y la dispersión de modos y tendencias en los últimos años, hace que Prieto de Paula sucumba a la tentación de trazar un recorrido diacrónico de la última poesía haciendo uso y abuso de las antologías, desoyendo quizás aquello que decía Borges: “El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez”.

El estudio de Prieto de Paula viene a completarse con otra síntesis paisajística, esta vez acerca de la poesía entendida como arma cargada de futuro: “Reglas de compromiso. Poesía para después de la batalla”. A nadie, a estas alturas, se le escapa que Luis Bagué es autor de un libro imprescindible cuando se trata de acotar la poesía comprometida: Poesía en pie de paz (Pre-Textos, Valencia, 2006). Bagué articula esa poesía de denuncia social desde el concepto de posmodernidad: fin de los grandes relatos (y, por tanto, de la historia) en favor del fragmentarismo, victoria del “pensamiento débil” como proclamaba Gianni Vattimo, elogio del simulacro y de la tecnología de la información en un mundo globalizado y definitivamente on line, etc.

Arma cargada de futuro, pero también de pasado. Si la modernidad rompe con la tradición clásica, la posmodernidad permite no sólo recuperarla sino revisarla, actualizarla, trasponerla a un escenario contemporáneo y urbano. Los textos y autores que estudia Francisco Díaz de Castro no reciclan las citas y los mitos del mundo grecolatino para prestigiar sus propias obras, sino que su afán va más allá de la simple imitatio o del puro homenaje: intertextualizan, trivializan, recrean, deconstruyen, transgreden.


Uno de los principios de la crítica posmoderna siempre fue el particularismo antitotalizador. Desde el doble punto de vista lingüístico y territorial, la atención a la poesía peninsular en lengua no castellana tiene su botón de muestra en el repaso que Jon Kortazar hace de la reciente poesía vasca. Repaso tan ameno como interesante y necesario, dada la indebida y raquítica visión de conjunto que, en general, se tiene de la poesía vasca en el resto del estado español (lo mismo puede decirse de la poesía escrita en catalán, en gallego o en asturiano). Desde Gabriel Aresti hasta Kirmen Uribe, el lector tiene oportunidad de subsanar lagunas y equilibrar el “debe” y el “haber” en su contabilidad de nombres vascos contemporáneos.

Otro recorrido por la historia, la de la poesía española del realismo posmoderno, es la apuesta de María Ángeles Naval. Su intención no es otra que cruzar líneas de interpretación (que no de intervención) en los nombres y modos de afrontar ese realismo. Realismo que tiene como punto de partida aquella otra sentimentalidad de principios de los 80 para centrarse en la figura de Luis García Montero y estudiar dos líneas de actuación en su poesía: historia entendida como discurso intelectual y como discurso sentimental. El estudio de Ángeles Naval adquiere especial relevancia para entender las relaciones que se establecen entre historia y sujeto, poesía como memoria biográfica y -por otra parte- abierta decididamente a la ficción. Su artículo se completa con el nombre que focaliza el realismo poético de los años 90 en España: Roger Wolfe. Nadie como él ha sabido plasmar el desmoronamiento de la modernidad como proyecto histórico. La posmodernidad se instala definitivamente en la poesía española.

Pero a estas alturas del libro uno comienza a impacientarse un poco, a sentirse abrumado por el ir y venir de líneas teóricas y recuentos que tienen bastante de listín de páginas amarillas. Desea acceder a la praxis, comprobar de primera mano cómo algunos rasgos de la pretendida posmodernidad se articulan en los textos. Por fortuna, Carlos Marzal, Lorenzo Oliván y Manuel Vilas acuden al rescate como antes lo hizo Francisco Díaz de Castro. El primero, desde esa atomización conceptual del pensamiento que es el aforismo y que, en muchos casos, funciona como motor mismo del poema. El segundo, Lorenzo Oliván, trazando una genealogía poética que le ha permitido configurar su personal ideal poético (ese “ojo que piensa”) desde el tratamiento del fragmento. Y, por último, Manuel Vilas: su brillante disertación acerca del poema en prosa como doble agente infiltrado y como respuesta a la crisis de la subjetividad pone de relieve que, felizmente, existe un terreno fronterizo que la última poesía española ha conquistado y no está dispuesta a devolver.


Jesús Jiménez Domínguez
Reseña publicada en el nº 100 de la revista “Turia” (diciembre, 2011)

sábado, 24 de diciembre de 2011

Una vieja fotografía (János Pilinszky)



UNA VIEJA FOTOGRAFÍA
(POR JÁNOS PILINSZKY)

En la fotografía, yo con tres años.
En el reverso, una anotación que hice
con ocho. Y ahora yo
que, con veintiuno, miro la fotografía.
Los tres nos saludamos
y nos damos la mano, distantes.


[Versión al castellano: Martín López-Vega]

jueves, 22 de diciembre de 2011

La escala de fuego (Dana Gioia)

LA ESCALA DE FUEGO
(POR DANA GIOIA)

-----Jacob
nunca ascendió por la escala
que ardía en su sueño. El Sueño
lo hundió como a una piedra
en el polvo,
-----y cuando
debía haberse levantado
como una llama para unirse
al coro aquel, estaba tan harto
de viajar,
-----que cerró
los ojos ante los Serafines
que ascendían, ajeno
a la longitud increíble
de sus zancadas,
-----así que no pudo verlos
trepar por la resplandeciente
escala que poco a poco se desvanecía
en la luz difusa
de las estrellas,
-----dormido
como estaba del todo, piedra
sobre una almohada de piedra,
tiritando, la Gravedad
siempre mayor que el deseo.





Michael Dana Gioia (Hawthorne, EE.UU, 1950) se retiró muy pronto de su carrera como ejecutivo de una multinacional de la alimentación en busca de un alimento más espiritual: la poesía. Integrante de aquel Nuevo Formalismo norteamericano de mitad de los años 80 que propugnaba un retorno a las formas tradicionales y a una poesía de tono confesional, Dana Gioia no ha sido muy prolífico en cuanto a obra poética publicada: tres poemarios en veinticinco años. Es autor hasta la fecha de los libros de poesía Daily Horoscope (1986), The Gods of Winter (1991) e Interrogations at Noon (2001), además de un ensayo -tan clarividente como controvertido- que lleva por título un significativo Can Poetry Matter? (1991). En él, Gioia viene a respaldar a Wallace Stevens, quien afirma que "el propósito de la poesía debe ser el de contribuir a la felicidad del hombre", pero añade que "el resto de la sociedad ha olvidado mayoritariamente el valor de la poesía”. Y prosigue en tono jocoso: “Para el simple lector las discusiones acerca del estado actual de la poesía suenan como a debate de política exterior por parte de inmigrantes en una cafetería de mala muerte. O, como lo describiera más acremente Cyril Connolly: Poetas discutiendo de poesía moderna: chacales gruñendo alrededor de un pozo vacío".

Como presidente que fue del N.E.A. (National Endowment for the Arts), Dana Gioia se aplicó a la tarea de intentar salvar la poesía de ese pozo. También Octavio Paz, antes que él, había proclamado que la poesía debía abandonar el espacio de las catacumbas. Pero, ¿cómo? La poética o declaración de intenciones de Dana Gioia está fielmente esbozada en la composición "The next poem", de su libro The Gods of Winter. Allí se lee: "Nada de revueltas cajas de imágenes / volcadas con desgana en el regazo del lector / ni basura embalada con elegancia / que los incautos debieran desenvolver. // Sino palabras que dirigirías a un amigo / de un lugar rigurosamente desconocido".








[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez. Publicado en el nº 96 (noviembre-diciembre, 2011) de la revista Clarín]

martes, 20 de diciembre de 2011

El cuenco (Jean Monahan)


EL CUENCO
(POR JEAN MONAHAN)

Cuando está entero es sólo la mitad.
Jamás llegará a ser nada más
que eso: un hemisferio con rayas
azules por debajo del borde.
Fue hecho para contener, un lugar
donde mezclar y frotar suavemente
la harina contra la leche. Apretujado
contra un seno, el interior de un codo
o henchido como un vientre y agarrado
por una mano, engendró la torta,
el pan o la sopa incapaz de definir
su forma, de conferirle
un sabor. Recién enjuagado, permanece
en una repisa, listo para usarse de nuevo.
Apenas se rompe, se reproduce
en quince nuevos cuencos, cada uno
con su respectivo borde. Los arrojamos
a la basura para que nadie se corte,
donde podrán dormir su último sueño
entre los alimentos que una vez acogieron.


[Versión al castellano: Jesús Jiménez Domínguez]