domingo, 24 de julio de 2011

Cita con Carl Sandburg


“La poesía es el diario escrito por una criatura del mar, que vive en la tierra y desea volar”

jueves, 21 de julio de 2011

Dos poemas inéditos en castellano de Billy Collins




TALLER DE POESÍA EN UNA ANTIGUA FÁBRICA
DE CIGARROS DE CAYO HUESO

Después de nuestra última clase, cuando nos marchamos
igual que en otro tiempo marcharon los torcedores de cigarros
-levantándose por última vez de sus taburetes
mientras el hombre que les leía durante los turnos de trabajo
cerraba el libro sin marcar la página donde se había quedado-
me felicité, digo, por mi moderación.

En ningún instante en aquel edificio blanco y soleado
tracé comparaciones entre hacer cigarros y escribir poesía.
Ni siquiera después de haber contemplado en una vitrina
la cuchilla afilada, el calibrador circular
y la guillotina manual con su regla de medición,
sugerí que el cigarro pudiera servir de modelo al poema.

No se me ocurrió mencionar la producción ejemplar
de los torcedores y cortadores anónimos
(300 cigarros diarios frente a 3 poemas acabados en toda una vida, y eso con suerte)
que transformaban las grandes hojas de tabaco
en cilindros listos para ser sostenidos suavemente en la mano.

Ni una sola vez insinué que enrollando una intuición
hasta convertirla en una forma artesanal y perfecta
podría animar al lector a retirar la banda de vivos colores,
deslizarla entre sus dedos y hacer suyo al poeta
en una repentina nube de humo como si fuera su pareja.
No, he guardado todo esto para mí, hasta este momento.




MI HÉROE

Mientras la liebre cruza la meta como un relámpago,
la tortuga se ha detenido de nuevo
al borde del camino,
esta vez para asomar su cabeza
y mordisquear un puñado dulce de hierba,
no como la vez anterior
cuando la distrajo
un zumbido de abeja en el corazón de una flor.



[Poemas pertenecientes al libro Horoscopes for the dead (Random House, 2011), de Billy Collins, en modestísimas traducciones mías al castellano.]

sábado, 9 de julio de 2011

Sergio Algora, 1986

ÉDITOS, INÉDITOS Y ANÉCDOTAS DEL DESPERTAR CREATIVO


Sergio Algora en 1990: culo de mal asiento




Conocí a Sergio Algora hacia el año 1986, en la época en que ambos estudiábamos en el Instituto María Moliner de Zaragoza. Sergio era, por entonces, un tipo delgado que solía vestir de negro y se resguardaba del cierzo bajo un largo abrigo -negro también- que le colgaba hasta los tobillos. Llevaba una carpeta ilustrada con fotografías de Siouxsie, Echo and The Bunnymen, Joy Division y reproducciones de pinturas de Salvador Dalí, entre ellas El Gran Masturbador y El destete del mueble-alimento. Sergio cantaba en un grupo llamado Índice de Cuba, muy deudor del pop de la movida madrileña. También colaboraba en “Papeles”, la revista ciclostilada del Instituto, con poemas como éste:

ODA AL TIMBRE DEL INSTITUTO MARÍA MOLINER [1]

En todos los institutos tenemos pianos que estudian
el desconocimiento nominal de los codos.

En la mayoría de los institutos
los alumnos de primero han perjurado
y los de segundo quieren el cielo,
los de tercero se visten
y los de COU tienen una sombra
que coincide con nada.

¿Pero sabéis lo que hizo Tarzán al quedarse sin voz?

Exactamente lo parecido, yo enloquecí
al primer mordisco de sonido.

PREPREPREPREPREPREPREPREPREPREPREPREPRE
y me quedo corto.

Señor alcalde, yo no le doy de beber
pero aquí hay un timbre de submarino
en agonía, desvariando y fallecido
con toda la tripulación ahogada en tinta.

¿Con este timbre cómo salir al recreo?
¿Cómo no alimentarnos de ceros?

Fue él quien los volvió locos.
El profesor, la profesora.
La profesora, el profesor.

Alumna de bollycao,
¿me dejarás ahorcarme con tus trenzas
cuando ya no pueda oír mi voz?


Otros poemas suyos que asomaron por aquella revista tenían notables influencias de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, el libro de poemas más cinematográfico de Rafael Alberti. Si Alberti introducía héroes del cine mudo en sus versos, Sergio hacía lo propio con sus héroes musicales del momento. Sus poemas llevaban títulos tan largos y significativos como “Los Mestizos intentan explicar a un simpatizante de Joy Division lo difícil que es dormir con luna llena” o “13.000 hombres en camiseta dudan entre llamar por teléfono o acostarse al atardecer”.

Y es que si Rafael Alberti nació -¡respetadle!- con el cine, Sergio Algora lo había hecho con el pop, en un año tan erótico-cabalístico y tan lisérsico como el del 69, sólo que en Zaragoza en vez de en Londres o en San Francisco.

Sergio vivía con su familia en la calle Sangenis del zaragozano barrio de Delicias, en una pequeña casa humilde y con pocas comodidades. A modo de ejemplo, para ducharse en verano, como cuenta uno de sus relatos con referencias autobiográficas [2], había que hacerlo en un patio exterior y exponerse a la mirada inquisidora de los vecinos. Antes de que las obras acabaran por convertir la paralela calle Capitán Pina (llena de pequeñas fincas interiores y casas de dos pisos) en el actual y más ancho Paseo Calanda, el vecindario era “un quiero y no puedo”. Todo eran falsas apariencias en un sistema de clases al que no podía acceder la clase mayoritaria del barrio, la clase obrera. Sergio recuerda cómo una familia de su calle había anunciado a bombo y platillo al resto del vecindario que pasarían sus vacaciones en el extranjero cuando en realidad se encerraron a cal y canto durante días en su piso sin salir ni dejarse ver ni oír, haciendo creer que veraneaban en Italia [3].

Sergio no era un excelente estudiante. Repitió el curso de COU. Como se aburría mucho en las clases, solía dejar abiertas de par en par las puertas de su mente y ésta se iba de viaje, volviendo al cabo con versos y relatos llenos de una imaginación barroca, sensual y desaforada. A los 15 años ya había visto editado su primer relato (“El arte de amar”) en una publicación inusual para un escritor novel de su edad: la revista “Lib”. Alejado del contenido explícito de la revista pornográfica, el texto era un relato muy poético en el que los muebles y objetos cotidianos de una casa copulaban entre sí en una suerte de orgía o de kamasutra inanimado. Así, por ejemplo, el grifo de una bañera se dilataba y alargaba hasta hacer el amor con el desagüe, desprendiendo de su frotación un cálido óxido.

Sergio -y en esto coincidimos cuantos le tratamos personalmente- ha sido uno de los fabuladores orales más ocurrentes que he conocido nunca. Un divertidísimo conversador. Narrador de anécdotas increíbles, luego las adornaba con profusión de datos, las mejoraba para cada ocasión. Lo cierto es que a Sergio le ocurrían las situaciones más extrañas y bizarras que uno pudiera imaginar. Resulta muy sintomático que en la época de El Niño Gusano, Sergio fuera un auténtico imán para los freaks de todo tipo que, misteriosamente, solían pulular a su alrededor.

Antes de vendedor de discos en su propia tienda Plasticland y luego en Fnac, Sergio Algora tuvo otros trabajos esporádicos. Fue pescadero, repartidor de publicidad, cortador de rieles para cortinas y tantas cosas más, a cual más dispar. Durante la temporada que fue quiosquero de revistas y prensa en el entorno de la calle García Sánchez se encontró una mañana con que, yendo a abrir el establecimiento, algún desaprensivo sin escrúpulos había defecado sobre el fardo de periódicos. El incidente se volvió a repetir en madrugadas sucesivas, con la lógica indignación de Sergio. Un día, una amiga que vivía por allí, fue testigo de uno de esos episodios y pudo desenmascarar al culpable: resultó ser el mismísimo Leopoldo María Panero quien, pasando unos días en Zaragoza tras el espectáculo ¡Más margen, malditos! [4], volvía de su parranda nocturna junto a su anfitrión, y también poeta, Ángel Guinda. De todos es conocida la facilidad con que Leopoldo solía hacer sus necesidades fisiológicas sin ningún tipo de pudor en el lugar más insospechado, incluido el pasillo de la casa de una cuñada de Guinda donde el poeta astorgano estaba alojado. Sergio Algora siempre sostuvo con sorna y cierto orgullo que había tenido entre sus manos la “esencia destilada” y última del poète maudit y español por excelencia, el fruto del culo [5] de ese insigne loco llamado Leopoldo María Panero.

A Sergio, quien a los quince años había descubierto los versos de Baudelaire y de Artaud, le gustaba mucho la poesía de Leopoldo hasta que ésta comenzó a repetirse y a convertirse en una caricatura de sí misma. Por todo ello, intentó huir de su influjo muy pronto. Mucha de su obra (incluido un poemario que llevaba por título Fragmentos para un atlas fantasma) acabó en el cajón del olvido. También composiciones como ésta de un poemario sin título y compuesto por 30 poemas, donde se comprueba la impronta de Leopoldo María:

Que en mis manos llevaba mis manos
lo aprendí en el bosque
que en tus manos yo estaba lo aprendí más tarde
cuando encontré el camino naranja
y bajo el puente burlé a los cerdos negros
que en mis manos estoy posado
el sueño me lo enseña
y que hay otras manos las que sin cuerpo aprietan
lo sabe mi vello erizado


Más tarde leyó a George Bataille, a Henri Michaux, a Eduardo Cirlot, a Carlos Edmundo de Ory, a Paul Celan, a tantos otros.

En ocasiones se han trazado paralelismos en la vida y en la obra de Sergio Algora con la de Boris Vian. Ambos vivieron de forma hedonista, quizás deprisa y atropelladamente. Ambos publicaron discos y libros. Ambos sufrieron de insuficiencias cardiacas. Ambos murieron, finalmente, a la misma edad: 39 años. Sergio Algora llegó a firmar algunos de sus textos para fanzines o revistas como “Buceadora” o “Zona de Obras” con el seudónimo de Amadís Dudú, personaje borisviano de El otoño en Pekín. Por otra parte, el famoso piano-cóctel de La espuma de los días que tanto hubiera querido Sergio para su Bar Bacharach dio pie al “piano de sabores” del Profesor Mirmidón, personaje creado al alimón con Mª Ángeles Cuartero. Un invento éste del piano de sabores, sin duda, mucho más psicótico que el artefacto patafísico de Vian:



PRIMIER
EXPERIMENTO PERCEPTUAL DEL PROFESOR MIRMIDÓN

El eminente psicólogo experimental y aclamado doctor en el campo de los transplantes, Dr. Mirmidón, os muestra cómo interpretar una sinfonía de sabores sobre un teclado hecho de lenguas todavía vivas.

“Se extraen las lenguas necesarias para componer un teclado. Es imprescindible no dañar las papilas gustativas así como mantener intactas todas las prolongaciones nerviosas para lograr fusionar todas las terminaciones nerviosas en una sola (ver dibujo) que se conectará en el área cerebral correspondiente. Las teclas negras más pequeñas las conseguiremos estrangulando bebés (bueno, lenguas moradas). A continuación un experto pianista con los dedos untados en diferentes sustancias interpretará una partitura cualquiera en el teclado de lenguas y mediremos los efectos causados en el sujeto experimental con un test por mí confeccionado”.


Antes de grabar con El Niño Gusano, Algora lideró otros grupos cuyos frutos no pasaron del formato maqueta. Tras el Francés fue uno de ellos. En él coincidió con Rafa Domínguez (años después volverían a juntarse en Muy Poca Gente). El nombre del grupo, Tras el Francés, venía del título homónimo de un poema que Sergio Algora había presentado, junto a otros, al Premio de Poesía “Ciudad de Zaragoza” de 1986. Pero el premio quedó desierto y Sergio, que contaba entonces con 17 años, hubo de conformarse con uno de los dos accésit [6].

TRAS EL FRANCÉS

Cuando la cocina se queda sola y callada
con sus vasos húmedos y pegajosos
con sus sartenes aceitosas y desprevenidas
hay en mi casa una región más sola y callada
un territorio olvidado en el regazo de una niña
paulatinamente rosa
cuando todas las habitaciones se hunden
en perniciosas soledades
y sus lámparas quedan pausadas y dormidas
hay una región todavía más sola
un espacio metódicamente abandonado
un rincón luctuoso y nostálgico
como una pincelada tuya sobre la noche
una región sola, invariablemente sola
irradiando intrusos deshidratados y goteantes

Llego allí, a su entraña de hembra sola
a su globuloso vientre hueco y frío
a su vacío fructífero en dolor y nostalgia
llego abatido y derrotado
desgajado y funerario como esculpido en lágrimas

Allí solo y solo
hablo, hablo, hablo
exento de ti, de tu evolución blanca y dosificada
exangüe
hablo de tu voz mermelada
hablo a todo de tu diversidad
de tu azulada oriundez marina
de tu descendiente climático
hablo y por hablar quedo más solo
en el clímax de la región solitaria
burbujeando sobre begonias solas
bebedizo del cielo desnudo y sin amor

Lo global es un golpe seco y gomoso
una emigración a otras habitaciones solas
como hojas acostadas en muslos
como ahorcados y canturreos de puerto
en conjunto es una erosión femenina
un viento de sentimiento que barre mi hogar

Espigado en los huecos sin nadie
perfumado de soledad
me tambaleo en el espacio hiriente
predispuesto a tu precioso disparo



Tal acontecimiento le valdría una pequeña entrevista -la primera entrevista de su vida- en la revista del instituto [7]:

-¿Querías ser de pequeño mayor o poeta?
-Yo de pequeño quería ser arquitecto del rey, como Juan Bautista de Toledo; luego me ilusionó trabajar de cuadriga en las películas de romanos; nunca se me pasó por la cabeza componer (más bien descomponer) poemas.

-¿Eres un poeta romántico?
-La diferencia que hay entre mi poesía y la poesía romántica es que los románticos se enamoraban de jóvenes doncellas y yo lo hago de farolas y gominolas. De todas formas ahora me voy a dejar un bigotillo de puntas erizadas como el de Gustavo Adolfo.

-¿Has hecho una poesía al amor?
-En concreto, no.

-¿Cómo empezaste a componer tus poesías?
-Mis primeras poesías eran muy simples, reflejaban distorsionadamente lo que veía. En esto influía el cansancio y el aburrimiento de las tardes en el colegio.

-¿Por quién estás influenciado?
-Estoy influenciado por Robert Smith, don Melitón, Rafael Alberti, Elizabeth Frazer, los hosteleros mujeriegos, Juan P. Corcobado, “La metamorfosis del vampiro”, tres mujeres con corsé, Pablo Neruda, David Sylvian, las jotas de ronda, la conjunción de las faldas de tubo negras con dos botas de agua amarillas y dos brujas: una buena y otra mala.

-¿Tienes algún estilo o método para componer?
-No; a veces me salen de pronto y otras doy mil vueltas a dos o tres frases que me gustan hasta que sale algo que me parece indecente.

-¿Tienes que estar sereno o BO2 (sin s)?
-No comprendo el significado de sereno, hace tiempo que los serenos desaparecieron de las calles.

-¿Tienes tu futuro claro?
-Bueno, cuando acabe mi condena de prisión menor en este Instituto (repito COU a perpetuidad
[8]), me enrolaré en la armada y tendré una mujer en cada puerto a la que escribiré poemas.

-¿Un día?
-El de vuestras bodas.

-¿Una bebida?
-El güiski con hielo.

-¿Una hora?
-Cualquiera de la noche.

-¿Un sueño?
-Ser famoso y millonario para poder no ser feliz.

-¿Un libro?
-
Rayuela, El Aleph, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, etc…

-¿Un disco?
-
The Top (The Cure), Mask (Bauhaus), Oil on canvas (Japan).

-¿Un cielo?
-El infierno.

-¿Un juego?
-El que me propongas.




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TRAS EL FRANCÉS - El Charlestón de la Serpiente
____________________

NOTAS:

[1] "Papeles", nº 11, Zaragoza, 1986. Pág. 7.

[2] “Nombres con origen poco profundo”, A los hombres de buena voluntad (Xordica, Zaragoza, 2006).

[3] “Vacaciones en Italia”, ibíd.

[4] ¡Más margen, malditos! Selección y puesta en escena por El Silbo Vulnerado de poemas de Ángel Guinda, Ramón Irigoyen y Leopoldo María Panero. Dirigido por Luis Felipe Alegre, el espectáculo se estrenó en Zaragoza el 26 de febrero de 1987 en el Teatro del Mercado.

[5] “Yo François Villon”, poema de Piedra negra o del temblar, Leopoldo María Panero (Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1992).

[6] Poemas de Zaragoza 1986, VVAA (Ayuntamiento de Zaragoza, 1986). Entre los finalistas sin premio que aparecen en el libro editado para la ocasión, aparece curiosamente un veinteañero Vicente Gallego, quien tres lustros después ganaría el Premio Loewe de Poesía con su libro Santa deriva (Visor, Madrid, 2002).

[7] “Papeles”, nº 11, Zaragoza, 1986. Pág. 16.

[8] En realidad sólo repitió COU una vez.

jueves, 30 de junio de 2011

Cita con Stanislaw Jerzy Lec (1909 –1966)

"Todos desean vuestro bien. No dejéis que os lo quiten."

jueves, 23 de junio de 2011

El profesor de ciencias naturales (Zbigniew Herbert)



EL PROFESOR DE CIENCIAS NATURALES
(POR ZBIGNIEW HERBERT)

No puedo recordar
su rostro

permanecía de pie frente a mí allá en lo alto,
al final de sus largas piernas

veía
su cadenita de oro,
su chaqueta gris
y un cuello flaco
donde, quieta, estaba
amarrada una corbata

fue el primero que nos mostró
que el anca de una rana muerta,
si se pincha con una aguja,
se contrae con violencia

él nos condujo
a través del rutilante microscopio
hasta la vida privada
de nuestro bisabuelo
el paramecio

trajo un oscuro grano
y proclamó: cornezuelo

apremiado por él,
en el décimo año de mi vida,
fui padre
cuando, tras una tensa espera,
de una castaña sumergida en agua
brotó un relámpago amarillo
y el mundo estalló en música
alrededor

en el segundo año de la guerra
mataron al profesor de ciencias
los miserables de historia

si es verdad que subió al cielo,
quizás camine ahora como un funambulista
sobre largos rayos otoñales
de lencería gris,
provisto de un enorme cazamariposas
y una caja verde con agujeros
oscilando alegremente a su espalda

pero si no se fue allá arriba,
cuando en el sendero del bosque
encuentro un escarabajo empujando
una pelotilla de fango,
me aproximo,
me cuadro
y le digo:
—buenos días, señor maestro,
permítame que le ayude

lo transporto delicadamente
y me lo quedo mirando un rato
hasta que desaparece
en la oscura sala de profesores
al final del corredor de las hojas secas



[Versión -o perversión- mía, partiendo de la traducción de Xaverio Ballester para la edición de Hiperión de 2008.]

jueves, 9 de junio de 2011

Entrevista a Rómulo Bustos



¿Qué es para usted la poesía?

La poesía responde a lo que yo llamaría –casi contradictoriamente– un instinto de vuelo. Es decir, en el ser humano hay un llamado a superar su condición terrestre. Un llamado a hacer crecer las alas de un ángel interior. Para mí la poesía es esencialmente eso. Ahora, ese llamado al vuelo tiene una contradicción. La poesía siempre es paradójica, pues a la vez su llamado al vuelo está impulsado por un llamado del abismo. Si no hubiera la propensión abismal, el llamado al vuelo no existiría. Así explico lo que es la poesía. Eso, por supuesto, depende. El espíritu de un mismo poeta va variando. No se mantiene constante a lo largo de su vida.

En la poesía el hombre tiene posado un ángel en el hombro derecho y un demonio en el izquierdo. A veces domina más el demonio, y resulta una poesía de cierto tipo, un poco demoníaca o abismal. El ángel entonces da una poesía más aérea, más angelical. Eso depende de cómo vayan funcionando las relaciones de tu alma con el mundo. Por eso, cuando uno analiza la poesía de un autor, incluyéndome a mí, puede encontrarse que en un mismo libro hay poemas “contradictorios”, que dicen algo totalmente diferente el uno del otro. Pero esto no se debe catalogar como incoherencia, sino como una coherencia esencial.

¿Cuál sería entonces la diferencia, no ya entre el ángel y el demonio, sino entre un lenguaje poético y uno no-poético?

En algún momento en que dominaban las estéticas preceptivas, se establecía una diferencia categórica entre un lenguaje poético y uno no-poético. El lenguaje no-poético era el lenguaje del habla cotidiana, y el lenguaje poético se suponía que era una especie de lenguaje especial, con un régimen muy particular.

En torno al vocabulario utilizado, al arsenal retórico que lo hacía casi un lenguaje impoluto, un lenguaje exquisito, un lenguaje de belleza pura en el cual no tenían cabida –digámoslo así- los prosaísmos. Pero en la contemporaneidad esa diferencia no se establece, sino que la poeticidad, la coherencia esencial del lenguaje surge con relación a la estructura del poema. Eso es lo que hace al lenguaje poético o no-poético: la capacidad de producir ese efecto estético.

¿Qué elementos utiliza en sus poemas? ¿Hay una conciencia manifiesta de ellos?

No sé mucho sobre los elementos retóricos que utilizo. Sé que en mis primeros poemas de El oscuro sello de Dios hay partículas que señalan duda, las que considero fundamentales. Por ejemplo: “tal vez”, “será”, “acaso”. Se podría decir que domina en esos primeros poemarios un lenguaje que selecciona palabras que tienden a ser eufónicas con un lenguaje delicado. Podría ser que en el segundo poemario hay una exquisitez de la palabra y aun, en el tercer poemario, también. Pero, en el cuarto y quinto, siento que la palabra tiende a ser un poco más prosaica. Sé que aparece de vez en cuando alguna metáfora, algunos símiles, el lenguaje no se caracteriza por ser muy rico en términos de retórica, yo creo que manejo un lenguaje muy sencillo. Es decir, que un elemento muy importante de mi poesía es la economía verbal. Entre menos palabras utilice para expresar creo que hay un mayor poder expresivo. Ésta es una poesía muy escueta, y a veces mínima. A veces son poemas de dos líneas que se construyen sobre la base de un interrogante. El hecho básico de mi poesía es la interrogación: una pregunta que no tiene una respuesta muy clara, acaso dudosa, pero no muy clara.

¿Cree usted en la inspiración o qué motivos lo impulsan en su creación?

Yo creo que la motivación de todo poeta son sus obsesiones. Creo que al hacer poesía a uno lo habitan ciertas obsesiones. No las inventa uno. Se van creando, van germinando en el interior de uno, en los avatares de la vida espiritual, desde que comienza la infancia se va gestando, cuando uno viene a ver ya tiene ese ángel o demonio allá dentro. Por eso en ocasiones he dicho: Yo no escribo poemas, los poemas me escriben a mí. Yo los considero verdaderamente imperativos interiores, como fuerzas que están adentro y que tú tienes que manejar. Porque no son fuerzas incontrolables, ellas imponen ciertos ritmos y hay partes en las que tú intervienes, modelas, en fin. Sin esos seres interiores no hay poesía. A veces es un zoológico lo que tiene uno allá dentro.

¿Cómo reconoció la presencia de su ángel?

¿Cuándo me di cuenta? Cuando comenzó a hablar él. Él tocó la puerta. Alguna vez tocó y yo le entendí. Es un lenguaje que uno no entiende, el lenguaje de los ángeles es suyo y realmente se abre cuando tú estás preparado para escucharlo. Pues la vida te va haciendo, te va dando la capacidad de interpretar el lenguaje de ese otro que no sabemos exactamente quién es. Ese que puede ser un ángel o un demonio disfrazado de ángel.
De allí que la ambigüedad sea un elemento muy importante de mi poesía. Porque yo creo que el universo es, en esencia, ambiguo, el universo es trasformativo, todas las cosas tienden a ser otra cosa. Nunca una cosa es simplemente una cosa, puede ser otra también dependiendo la percepción tuya. Tú puedes mirar las cosas desde el ángulo que desees.
La imaginación es poderosísima, de hecho creo que es el mayor poder que tiene el individuo. Lo que hace humano al ser humano es la imaginación, la potencia y el poderío de la imaginación, eso es lo importante.

La imaginación es la fuerza de la poesía. ¿Cuál es el secreto para escribir poesía?
Yo creo que la clave para hacer buena poesía es que el poeta mire con toda la pureza o impureza que le es posible en su interioridad. Yo creo en una frase, que no la inventó Borges, pero que la puso a circular: “Un hombre es todos los hombres”. Yo creo que la obligación del poeta es conocerse él mismo, no por un acto egoísta, sino que al conocerse él mismo puede conocer a los otros.

En su poesía podemos encontrar elementos locales: palenqueras, pescadores, y también universales: ícaros, parménides, aquiles. ¿Se puede hablar de un gran tema en su poesía?

Sí, hay elementos de mi entorno, pero uno no debe sentirse amarrado a hacer poesía local, regional o caribeña. Yo pienso que lo que uno debe es hacer poesía, buena poesía. Escucharlos a ellos (el ángel y/o el demonio interior) cuando te los has ganado y no les tienes miedo. Es decir, tú puedes escribir sobre una piedra que te tropieza el zapato, o sobre Ícaro perfectamente. O sea, que a ti te pertenece tanto tu tradición local como la tradición universal, y puedes hacer uso de ellas.
No te debes restringir tampoco. A veces queremos ser “caribeñistas” a toda costa. Yo no soy partidario del caribeñismo hecho “ismo”, como una bandera, como una cosa radical. No, yo soy caribeño y escribo pues del mar, de las palenqueras o del vendedor de pescado. ¡No! Eso está ahí y cuando eso me apela, me llama, a mi tradición literaria le dice algo.
De todas maneras uno aprovecha sus propias experiencias vividas o las no vividas. Pues tú, al estar leyendo, te pones en contacto con otras mentes. Te encuentras abierto a la tradición universal y eso te da derecho a dialogar con esa tradición también. Hallar la verdadera identidad del ser humano nos hace localistas y universalistas y tú aprendes lo que es el ser humano. Partiendo de que el ser humano es uno en todas partes, nada indica que el ser humano haya evolucionad, o sea mejor ahora que antes. Yo creo que el ser humano siempre será mejor y peor.

¿Cómo fue su formación de poeta? ¿Nació con el ángel o intempestivamente se le reveló? ¿El poeta nace o se hace?


Es la pregunta clásica. Como tú dices, es algo así como la del huevo y la gallina, ¿qué es primero?
Yo creo que ambas cosas están allí. El poeta puede nacer; pero, si no hay un contexto, unas circunstancias que favorezcan el crecimiento, no llegará a ser poeta. Es decir, nació poeta pero no se hizo poeta. No alcanzó a desplegar su talento interior. Yo creo que para ser un poeta se requiere un elemento constitutivo de base, tuyo, innato, o que hayas nacido con eso o en tu infancia lo hayas forjado y que es un punto de partida. Porque la función de ese elemento de infancia que te condenó o te marcó es el principio desencadenante de todo.
Después viene el hacerse. Ya con las lecturas, determinados autores que te encauzan, que te estilizan, que te aclaran interrogantes, etcétera. Pero sin ese elemento de base no sería posible. Tiene que haber una condición dada, que la desarrolles o no la desarrolles es allí donde entra el hacerse.
Hay que tener el sello puesto. Si tú me preguntaras: ¿tú hubieras querido ser poeta? Yo te hubiera contestado: quizás no. Es algo un poquito complicado. Yo no le recomiendo a la gente que sea poeta; yo le digo: si puede evitarlo, evítelo.



Por Robinson Esalas
Revista Espejo, nº 4, enero-junio 2011

miércoles, 8 de junio de 2011

En su trigésimo tercer cumpleaños (Ch'ang Kuo Fan)



EN SU TRIGÉSIMO TERCER CUMPLEAÑOS
(POR CH'ANG KUO FAN)

Más de treinta años han pasado ante mí,
raudos como caballos desbocados.
También yo he estado yendo de acá para allá,
corriendo de un extremo a otro
del país. Me gustaría encontrarme en la
casa en que nací, a mil cordilleras
de distancia. Como hojas doradas al final
del verano, ya me han aparecido
algunas canas. Todos mis viajes han sido
meras huellas en la arena llevada
por el viento. He acumulado saber como
una bola de nieve. He cruzado
montañas, he pasado exámenes y he dictado
conferencias eruditas. ¿Y de qué
me ha servido? Más me habría valido quedarme
en casa cultivando melones imperiales.


[Traducción al castellano de Carlos Manzano a partir de la versión inglesa de Kenneth Rexroth].

miércoles, 25 de mayo de 2011

El nadador (Testamento de Jeff Buckley)

El grupo zaragozano Louisiana, con Ana Muñoz y Luis Cebrián al frente, pusieron música al más corto de mis poemas de Fundido en negro (DVD Ediciones, Barcelona, 2007): "Testamento de Jeff Buckley". La canción de Louisiana, que repite sin cesar el primer verso, funciona a modo de mantra y es fantástica. Me siento muy honrado por ello y desde aquí no puedo más que darles las gracias.


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TESTAMENTO DE JEFF BUCKLEY

Un nadador divide la soledad en dos:
la primera es del agua;
la segunda, del cielo.

martes, 24 de mayo de 2011

Cita con Pitágoras de Samos

"No desprecies a nadie; un átomo hace sombra".

jueves, 19 de mayo de 2011

Lisboa (Bernard Nöel)



LISBOA
(POR BERNARD NÖEL)

siete colinas y ningún papa un temblor
cuando el gran sol mastica el mar de paja
las casas alineadas como espectadores
permanecen de pie ante otras que miran
envejecer sobre ellas la lencería del tiempo
la ciudad está tan ensombrecida de rojo
que desde arriba parece víctima de una congestión
los ojos buscan por todas partes el blanco de la leyenda
pero el breve presente lo ha recubierto todo
sólo el cuerpo del poeta ha permanecido intacto
el alcohol conserva mucho mejor que la memoria
así se esconde uno bajo una pesada piedra
prueba de que el ser es menos que el no ser
quien sabrá aprovecharse de la intranquilidad
para que la duración diseque finalmente la piel
y cambie la apariencia en carne inmortal
en un instante un muerto reciente está tan muerto
como el más antiguo de todos los muertos
extraña igualdad que hace que el tiempo quede destruido


[Traducción al castellano de Enrique Moreno Castillo.]