
Ya es primavera y, como cada año para estas fechas, todos los
haijines, todos los perpetradores de haikus de la ciudad se apostan en las orillas del Ebro para ver si logran -entre tanta rana de atrezzo- atrapar para sus versos la gracia del salto de la verdadera ranita de Matsuo Bashō.
No tengo nada en contra de la lírica oriental y del
todo a zen. Más bien al contrario. Hace ya muchos años que sometí mi poesía a una Li-Po-succión y ahora luzco más estupendo y más en forma que Bruce Lee en aquel anuncio de coches de la tele. Pero encuentro que esta cíclica fascinación por lo oriental (de unos años a esta parte, el asunto parece haberse tornado crónico) a menudo tiene más de exotismo y de moda que de una verdadera asimilación de unas formas culturales que, reconozcámoslo, nos quedan muy lejanas.
Echando un vistazo a Internet, me entero de que están muy en boga las asociaciones culturales creadas
ex profeso para la defensa y la difusión del haiku. Me parece estupendo ese espíritu conservacionista, pero ¿por qué nadie defiende la copla de pie quebrado, que seguramente lo necesita más y además es una especie autóctona en peligro de extinción? Pobrecita. Ahí la tenemos, con todos sus tetrasílabos y sus metatarsianos rotos. No es de extrañar que, en su cojera, haya quedado atrás. En el siglo XV, concretamente.
Confieso que yo también, en alguna ocasión, contraje la fiebre amarilla del haiku. Incluso tuve la desfachatez de publicar uno, aunque escrito en código binario. No sé si los
haikaintegristas me lo han perdonado:
10 010 10 1010
01001 01 01 1001
1001110 11010010
Si en un principio me quedé más ancho que largo con la travesura, luego me arrepentí y acabé transcribiéndolo al
idioma humano. Gran error, sin duda. Porque perdió todo el misterio, todo el encanto. Mi amigo Ángel Gracia asegura con toda razón que sólo hay una cosa peor que escribir un haiku: explicar un haiku.
Pero a lo que iba: la fascinación occidental por las formas tradicionales del lejano oriente (y en concreto, por el haiku) tiene nombres y apellidos. Es justo atribuirle parte de culpa a nombres como Basil Hall Chamberlain o Ezra Pound. No hablaré de ellos, porque a mí lo que realmente me fascina es saber que incluso James Bond se atreviera a escribir uno para su amigo Tiger Tanaka. Ahí es nada: James Bond, el hombre de acción con licencia para matar, haciendo vida contemplativa y haikus, aunque se olvidara por completo del precepto métrico, claro. Pobre Tanaka, ¿se merecía esto?
You only live twice:
once when you're born,
and once when you look death in the face.
Pero sí: es justo admitir que a mí, personalmente, me gustan mucho dos haikus que escribió el gran monje nipón Jorge Luis Borges. A saber:
El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.
¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?
Sin embargo, me aterra toda esa cantidad de haikai que pulula por ahí sin concierto ni sentido en monografías varias y antologías de barrio. El asunto es peliagudo porque, parafraseando a Fabián Casas, el ruido metalúrgico de los talleres de haikus por las noches no me deja dormir. Con tanto iluminado, las compañías eléctricas se van a ir a pique; pero qué le vamos a hacer.
Los números de la perfección ya no son el 4-4-2 de Vicente del Bosque ni el 90-60-90 de cualquier mujer que quite el hipo. Esta primavera la combinación ganadora es 5-7-5. Ya no hay excusa para dejar de ser Inocencio o Chencho y pasar a ser Cheng-Cho, el gran
haijin ibérico del siglo XXI. Para todos aquellos que no estén muy duchos en el asunto de la métrica, internet pone a su servicio un sencillo contador silábico aquí:
http://lexiquetos.org/silio/.
Así que ya me estáis enviando en vuestras glosas emilianenses (es decir, en vuestros emilios; es decir, en vuestros e-mails) nuevas muestras de vuestros sudokus de primavera. Cinco-Siete-Cinco, ya sabéis. A ser posible, en archivo powerpoint y con fotos, que mola más. Y si van acompañados de la musiquilla de
Titanic mejor que mejor.
Con un fuerte abrazo,
Jesús Jiménez Domínguez
Posdata: Vaya, acaban de chivarme que este verano lo que de verdad se va a llevar es el tanka. Maldita sea…