martes, 8 de junio de 2010

Un diálogo inconcluso. Comentario a “Palabras sobre palabras”


Comentario a
Santiago de Chile, marzo, 2010.
Por Hugo Quintana Q.,
Editor de Ortiga Ediciones.

Hace más o menos, unos 12 años, llegaron a mis manos dos hermosas y hasta ahora memorables antologías. Ambas incursionaban en una tradición poética de la cual desconocía trazos importantes, así que para el momento, fueron objeto de asombro, y aún ahora lo son.

Un viejo amigo me presentaba a un compañero suyo del Magíster en Literatura de la Universidad de Chile, Jorge Eduardo Arellano, quien –en aquella época- se desempeñaba como Embajador de Nicaragua en nuestro país. Al responder a una invitación a su oficina para continuar la charla literaria, le vimos acercarse a uno de los escaparates atestados de libros. Acto seguido tomó dos. Se trataba de versiones antológicas de la poesía nicaragüense. Una había sido construida por él mismo, mientras que la otra había sido construida por Ernesto Cardenal.

Nuestro asombro y agradecimiento fue mucho, porque la visión que nos entregaron esos textos, a modo de panorámica, nos había hecho descubrir todo el esplendor de la tradición nicaragüense, varios nombres que no existían para nosotros, pero que a partir de allí, se han convertido en referentes habituales, sitios a los cuales se vuelve con gusto cada cierto tiempo.

Y esa fue la sensación al encontrarme con la lectura de Palabras sobre palabras: 13 poetas jóvenes de España. La del asombro.

Pasa que no nos hemos informado debidamente de cuanto está ocurriendo con la poesía española actual. De no ser por un par de nombres, nos encontraríamos en el naufragio más total.

No obstante, esta edición viene a rescatarnos de algo que nos debiera avergonzar a priori. Algo que, en todo caso, tampoco ha sido completa culpa nuestra, ya que los vaivenes del negocio editorial a nivel de habla hispana, tampoco han incursionado de manera exhaustiva en estas otras poéticas, que siendo nuevas, y que transitando al borde del cánon de producto consumible, se han dado a la tarea de crear, de hacer poiesis, en el sentido estricto del término, para ofrendar resultados que buscan fervorosamente otorgarle un horizonte de expectativas a una actividad que parecía, estaba durmiendo la larga siesta de la autocomplacencia.

Esa es la novedad, una panorámica que nos advierte acerca de la inconformidad que también se vivía al otro lado del Atlántico, y que era tan real como la nuestra. ¿Los por qués?. Bueno, fácil. Casi nulo acceso a publicaciones, al apoyo editorial, a los financiamientos, a destacar en concursos donde habitualmente se hace una puesta en escena para glorificar a herederos de estilos que vengan a refrendar los circuitos de poder al interior del establishment de la literatura consolidada. La endogamia típica de todo discurso de poder, y del cual la poesía no ha estado ajena, por cierto.

Al amparo de la academia, encunados desde los salones universitarios es que se han lanzado las nuevas generaciones a la conquista de espacios nuevos. Se habló de “bordes”, de “los márgenes” –o marginales-, de “emergentes”, de neobarroquismo, de neo-larismo, neo-neovanguardismo, etc. Lo cierto es que las nuevas tecnologías, como las revistas literarias digitales, publicaciones on-line y el surgimiento de micro-editoriales, han abierto un escenario paralelo.

Y no es que las grandes editoriales o el negocio del libro vayan a tambalear por semejantes apariciones. Es que sencillamente, los que buscamos un algo más, nos congratulamos de que hayan otros, en la misma sintonía, en tan diversos lugares. Es lo que el responsable de esta selección y prólogo, de esta muestra –en definititva-, ha intentado graficarnos al recordarnos acerca de la existencia de “un diálogo universal y contemporáneo en torno a la poesía moderna”, cita que toma de Hans Magnus Enzensberger.

Palabras sobre palabras resume de alguna manera la trayectoria de lector-investigador y activo participante de Julio Espinosa Guerra (1974), poeta chileno radicado en España (Zaragoza, para ser más específico aún), en los circuitos literarios de la península ibérica. Ganador de un par de concursos de relevancia internacional, es además responsable de una hermosa y muy cuidada antología de poesía chilena editada por Visor en el año 2005, La poesía chilena del siglo XX, que las emprende sobre la producción nacional de la segunda mitad del siglo anterior, con toda su diversidad y riqueza estética y vital.

En esta ocasión, selecciona a trece poetas españoles jóvenes, tomando como coordenada inicial el hecho de que ninguno de los elegidos haya sobrepasado las cuatro décadas, pero que a su haber, cuente con publicaciones y una trayectoria capaz de exponer una voz propia más o menos definida. De esta manera, nos presenta una síntesis de cada uno que nos permite observar cierta coherencia en su quehacer escritural, vale decir, que cada muestra es representativa del trabajo, del proyecto de obra que cada autor espera consolidar en su actuación como poeta.

Esto que parece una simpleza, es lo que siempre me ha molestado de las “antologías” en general, debido a que eso de hacer “selecciones” muchas veces desconfigura la imagen ideada, haciéndonos ver aciertos que, tomados quizás de aquí o de allá, no dejan entrever algún grado de ligazón ni en la muestra de cada caso, ni en la panorámica presentada. Una antología debe ser un poco más que un mix de papelitos picados.

Por eso son pocas las antologías que realmente le quedan a uno en la retina.

En esta muestra –por ejemplo-, es difícil desanudar, desmadejar lo fraguado con paciencia y cuidado por el responsable de esta selección: Marta Agudo Ramírez, Marcos Canteli, Óscar Curieses, Benito Del Pliego (a quien ya conocíamos gracias a la revista Heterogénea de poesía que mantenía Julio a manera de Blog), Patricia Esteban, Ana Gorría, Jesús Jiménez Domínguez, Luis Luna, Julia Piera, Goretti Ramírez, Julio Reija, Sandra Santana y Julieta Valero nos instigan a una visita plácida a sus diversas formas de encarar el difícil arte del oficio escriturario, donde todos escenifican opciones y búsquedas distintas, y donde se puede avizorar además, preocupaciones comunes, destellos de aquel diálogo universal a que se hacía referencia en un párrafo anterior.

Llama la atención la capacidad de arriesgarse hacia un algo más de estos autores, aspecto común en todos, la no-conformidad, el autoexilio del cánon, de los facilismos, de las complacencias de una poesía más cercana al objeto de consumo que se apropiaba pobremente del material con que se construía. A propósito de esto, una de las líneas reconocidas en el texto de presentación, es la preocupación por el lenguaje (la relación entre las palabras y las realidades que designan, problemática inaugurada por Foucault en 1966), dejándonos entrever la crisis que toda la teoría postmodernista ya ha descrito hasta el cansancio, y que no hace más que revelar que se trata de una preocupación más academicista, que de la poesía propiamente tal, y que dan un aviso acerca de las discusiones que deben estar presenciándose en el contexto literario español.

Es por ello que esta muestra es tan valiosa. Porque nos confirma algo que acá también era materia de atractiva discusión.

Por último, quisiera resaltar el alto nivel poético de los autores presentados. Pese al paladar que cada uno pueda tener como lector, o de las preferencias particulares, nos queda a modo de conclusión que se asiste a un saludable espectáculo. Y quién sabe si más de alguno de ellos, deja entre sus manos, o incrustado en su retina, trozos o fragmentos de aquella brisa esquiva que solo deambula donde quiere: la poesía.

domingo, 6 de junio de 2010

Homenaje a Miguel Hernández


Sábado 12 de junio de 2010 a las 12:15 h.
Centenario del nacimiento de Miguel Hernández
Kiosco de la Música, Parque Grande de Zaragoza
Fiesta del PCA

Lectura de poemas de Miguel Hernández a cargo de Marcos Ana, Brenda Ascoz, Túa Blesa, Ángel Guinda, Jesús Jiménez Domínguez, Elvira Lozano, Marta Navarro, Miguel Ángel Ortiz Albero, Alfredo Saldaña, Nacho Tajahuerce, Luis Yrache y Miguel Ángel Yusta.

En primera fila, de izquierda a derecha: Túa Blesa, Jesús Jiménez Domínguez, Miguel Ángel Ortiz Albero, Alfredo Saldaña, Nacho Tajahuerce y Luis Yrache.

viernes, 4 de junio de 2010

Presentación de "El idiota entre las hierbas", de Dolan Mor

Trinidad Ruiz Marcellán, Dolan Mor y Jesús Jiménez Domínguez
Biblioteca de Aragón (Zaragoza, 27 de mayo de 2010)
Foto: Columna Villarroya

Dolan Mor es uno de los pocos poetas que conozco cuya manifiesta timidez como persona es inversamente proporcional a su ego como poeta, enfermedad incurable esta del ego que muchos padecemos. Tal vez ello se deba a que -poema a poema, obra tras obra- se ha entregado silenciosamente a la higiénica y ardua tarea de destruir, de matar al “yo”. O lo que es lo mismo, de desaparecer en el “otro”. Y esto me consta que lo lleva a rajatabla, pues sabemos a ciencia cierta (o no) que en realidad Dolan Mor no se llama Dolan Mor.

Si “el poeta es un fingidor”, como dijo Fernando Pessoa (quizás el mayor y más famoso ejemplo de producción de heterónimos), también Dolan lo es a su manera, pues sigue al pie de la letra la famosa sentencia de Rimbaud: “yo es otro”. Sabe Dolan que el “yo” no es unidad sino al revés: fragmentación. En consecuencia no hay búsqueda posible de la verdad, sino de la más certera de las mentiras.

La “otredad” es para el hombre moderno un mal que se soporta dolorosamente: la conciencia moderna no acepta que su individualidad sea una realidad plural y que detrás del hombre que piensa se esconda otro que mantiene una vida "ilógica", que sostiene a menudo lo que la razón reprueba. Por eso, la obra de Dolan Mor -desgranada en ya numerosos títulos- es, en consecuencia, el trabajo de un fingidor que desenmascara, de un “embustero” que acierta, de un rastreador que borra sus propias huellas en la escritura. Es el suyo un ambicioso proyecto que parte del recurso de la heteronimia para abordar diferentes esferas poéticas que tienen en el problema de la identidad y en la indagación del lenguaje dos de sus puntos más sobresalientes.

Si sus dos primeros libros (El plagio de Bosternag y Seda para tu cuello) abordaban y desmontaban la etiqueta del malditismo por medio de la amplificación -a menudo irónica- de voces miméticas a las de Leopoldo María Panero o Antonin Artaud, los tres siguientes (Nabokov’s Butterflies, Los poemas clonados de Anny Bould y El libro bipolar) inauguraban una etapa de libros más narrativos y el punto de mira del francotirador paródico se trasladaba hacia el realismo norteamericano vía Raymond Carver y la literatura beat.

Sus dos últimos libros hasta la fecha (La novia de Wittgenstein y El idiota entre las hierbas) pertenecen a una etapa que denominaríamos “del lenguaje”. El primero de ellos es libro metalingüístico por excelencia. Aquel que, parafraseando el famoso poema de Roberto Juarroz, nos habla del lenguaje poético como de una fiesta desoladora en la que no hay nada ni nadie: “En el centro de la fiesta / está el vacío / Pero en el centro del vacío / hay otra fiesta”.

He citado este poemario antecesor al que hoy presentamos porque me parece que El idiota entre las hierbas es su reverso, el envés de una pretendida poética del silencio, pues planea en éste la sombra barroca y exuberante de Lezama Lima, seguramente uno de los mayores exponentes sudamericanos del horror vacui poético.

En este libro la voz del autor, mediante un alter ego llamado José María Mallosa que tiene bastante que ver con la propia biografía de Dolan Mor (como luego veremos), disuelve sus propias palabras hasta las últimas posibilidades del lenguaje. Aquellas que le permiten escribir “He abierto un agujero invisible en la hoja” para, seguidamente, escanearla y mostrarla al lector a modo de coartada de su propia desaparición. Aquellas que le permiten violar las reglas ortográficas siguiendo los patrones de los mensajes de telefonía móvil como en el poema que cierra el libro. Aquellas que le permiten jugar, en una ludopatía desenfrenada, con el lenguaje y sus sonidos (“de labio velosino belo al vino”, “la venia de venal vamos vejuino”, “labro en liebre la libra de oro”). Aquellas que le permiten inventarse palabras a la manera del también cubano Mariano Brull para crear realidades fantasmales o paralelas ("gardeniano", "clitoral", "celdanieve", "trasgueado") o forjarse identidades imposibles cercanas a la cosificación o el animismo: “Me siento un femural de noche= cuando escribo= sé que no existe / la palabra pero me la invento”.

El yo deviene en metamorfosis post-larvaria (también la escritura y el poema lo son), una metamorfosis que se desarrolla por debajo incluso del escalafón del escarabajo samsiano para acabar siendo uno más de los insectos dípteros de El Señor de las moscas de William Golding, posado -eso sí- sobre el escaparate cotidiano de un mundo occidental vendido al consumismo más salvaje en uno de los poemas con más carga de denuncia social del libro.

En estos extrañamientos del lenguaje y de la identidad, la voz o sinfonía de voces que recorren los poemas reconocen el estado de angustia al que remite el pensamiento, no hallan ninguna satisfacción en la capacidad cognitiva sino una lucha desigual contra la naturaleza y el destino del ser humano, lucha que es cada vez más cruel en tanto al hombre no le es dado “no pensar”. Esa es su tragedia: ir hacia el final de cada pensamiento hasta encontrarse totalmente indefenso, sin salida: “Un aleteo de llaves ya se oyen: / Las manillas doradas que se acercan= / que llegan con los pomos y nos cierran.”

Estas técnicas de desvío o extrañamiento, recogidas ya por el formalismo ruso, son a consecuencia de que la cotidianidad hace que los objetos y situaciones pierdan frescura frente a nuestra percepción. Dolan Mor logra desautomatizar esas percepciones sensoriales por medio de la metáfora. Si El idiota entre las hierbas es una obra literaria de primer orden, originalísima, no es -claro está- por su cantidad de metáforas, sino por la desautomatización que hace de las mismas; pues buscan la manera de presentar las cosas como nunca vistas, singularizándolas, sacándolas de su contexto para hacerlas llamativas.

El idiota entre las hierbas es así, con total seguridad, el libro más arriesgado de Dolan hasta la fecha, el más complicado, donde el autor alcanza las más altas cotas de experimentación. En sólo 13 poemas (número simbólico de la desgracia, pues es también el número que representa a la Muerte en el Tarot) la transgresión traspasa lo puramente formal de los signos de puntuación, esos signos aritméticos de “=” que paradójicamente acercan el poema a una fórmula matemática sin solución posible.

El libro es un extraño artefacto de hibridación, una potente hormigonera poética que trabaja con materiales y recursos de muy diversa naturaleza y procedencia: apropiaciones poéticas de Stephane Mallarmé, Franz Kafka o William Carlos Williams, pero también falsas citas (“No pudráis más la rosa con la escarcha”), ritmos sincopados que parecen provenir del jazz de Roberto Fonseca (silenciosa banda sonora del libro), transexualidades poéticas, transmigraciones de escenarios que llevan Zaragoza a orillas del río Moldava y viceversa, manuscritos apócrifos, fotografías que rozan el concepto del poema visual…

Dolan entierra la idea aristotélica de lo que en la antigüedad clásica se entendió como material susceptible de construir un poema. En consecuencia rompe con los géneros, los rumia, los aglutina, los disuelve, los escupe. Acude también al autobiografismo de una manera muy sutil y fragmentaria, como si rompiera el espejo de la realidad y hubiera esparcido unos pocos segmentos en los poemas. Sabemos así que José María Mallosa, trasunto de Dolan Mor y voz espectral en los poemas, fue también cubano y estudiante de Medicina Veterinaria como Dolan, que nació en 1968 (año de la Primavera de Praga) como Dolan, que emigró a Rusia (Dolan pidió asilo en la embajada española en Moscú), que disfrutó del magisterio poético de Joseba Sarriandía ignorando que era un preso de ETA fugado de la cárcel de Martutene, aquel mismo que inspiró la famosa canción “Sarri, Sarri” de Kortatu.

¿Es El idiota entre las hierbas el libro más autobiográfico de Dolan Mor o es, por el contrario, Dolan Mor la imagen fragmentaria de una ficción que devuelve ese espejo roto? El idiota entre las hierbas juega con una técnica especular de luces y sombras. De menos luces que sombras, pues sin duda oculta más de lo que muestra.

Así, El idiota entre las hierbas resulta, en fin, el último episodio poético, la última estación hasta la fecha del complejo proyecto de viaje al que Dolan Mor se viene entregando incansablemente. Partiendo de un sutil juego de heteronimia, recurso con el que el autor ha construido no sólo toda su obra sino una identidad poliédrica como si de un gigantesco autorretrato cubista se tratara, Dolan parte en busca de otros yoes con que completar una de las más notables e inagotables geografías humanas del alma que uno ha leído en poesía en muchos años.

JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ

jueves, 3 de junio de 2010

Un poema de Anise Koltz

Peces abisales
las frases mueren
en cuanto suben
a la superficie


[Traducción al castellano: José M. G. Holguera]

miércoles, 2 de junio de 2010

"Arar"

Arar es un vídeo de Javier López Clemente inspirado en el poemario homónimo de Ángel Gracia (Prames, Zaragoza, 2010). Colaboran los poetas Miguel Ángel Ortiz Albero, Alfredo Saldaña, Jesús Jiménez Domínguez, Miguel Serrano, Nacho Tajahuerce, Brenda Ascoz y Sofía Díaz.

martes, 1 de junio de 2010

"Palabras sobre palabras. 13 poetas jóvenes de España"

Palabras sobre palabras: 13 poetas jóvenes de España,
Santiago Inédito, Santiago de Chile, 2010.
Selección y prólogo: Julio Espinosa Guerra.

Poemas de Marta Agudo Ramírez, Marcos Canteli, Óscar Curieses, Benito del Pliego, Patricia Esteban, Ana Gorría, Jesús Jiménez Domínguez, Luis Luna, Julia Piera, Goretti Ramírez, Julio Reija, Sandra Santana y Julieta Valero.

UNA MIRADA A LA CARRETERA (Palabras finales)
por Julio Espinosa Guerra

La poesía española más reciente se está removiendo un pesado legado de referencialidad y normalización que durante décadas ha dominado las poéticas del país a través de lecturas sesgadas de sus pares latinoamericanos y anglosajones, críticas antojadizas y editoriales más preocupadas de crear un producto fácil de entender que de publicar autores que realmente estén implicados con el lenguaje.

Esta selección de trece poetas intenta mostrar ese nuevo panorama que ha puesto en duda el discurso oficial, ampliando las lecturas de la realidad y, por tanto, su escritura, tanto desde la semántica como desde la sintaxis, pasando por lo sonoro y lo visual, y hermanándolo con los discursos latinoamericanos actuales para intentar hacer verdadero el pronóstico que hace casi cincuenta años formuló Enzensberger y, también, por qué no decirlo, desenterrar la visión de que la poesía española es mala. Al contrario, no sólo no lo es, sino que perfectamente podemos dialogar con ella de igual a igual, intercambiando miradas que no hacen otra cosa que completar, aunque sea precariamente, aquellas zonas mudas del decir.

No se trata de canonizar ni normalizar ningún discurso, sino de darle visibilidad a una serie de poéticas emergentes y heterogéneas que beben y (re)leen de la mejor tradición poética española, latinoamericana y universal; compañeros circulando por las mismas carreteras secundarias que nosotros y que el actual sistema editorial español, que avanza por las autopistas de los libros más vendidos, de best seller poéticos, en su afán de transformar todo lo que toca en un producto fácil de entender, fácil de comercializar, no nos deja ver.

Julio Espinosa Guerra. Junio de 2008. Zaragoza.

domingo, 30 de mayo de 2010

Cita con Marguerite Duras

"El mejor modo de llenar el tiempo es gastándolo."

sábado, 29 de mayo de 2010

Firmas en la Feria del Libro de Zaragoza


El próximo sábado 5 de junio estaremos Miguel Ángel Ortiz Albero, Dolan Mor, Manuel M. Forega y yo firmando libros (o esa es la idea) en la Feria del Libro en Zaragoza (Paseo Independencia), concretamente en la caseta de la editorial Olifante.

Dolan Mor, Jesús Jiménez Domínguez y Ricardo Fernández Moyano.
Detrás, Miguel Ángel Ortiz Albero e Ingrid Magrinya.

viernes, 28 de mayo de 2010

Las máscaras del lenguaje

Dolan Mor

El poeta malagueño Rafael Pérez Estrada decía que un poema “es sólo el espejismo del poema que nunca llegaremos a escribir”. Espejismos, juegos de espejos y especulaciones sin fin hay en los dos últimos poemarios de Dolan Mor, La novia de Wittgenstein y El idiota entre las hierbas, libros que abren un nueva etapa (a él le gusta denominarla “del lenguaje”) en la personalísima poesía de este cubano exiliado en Zaragoza. En La novia de Wittgenstein hay especulación metapoética a partir del Tactatus Logico-Philosophicus del lingüista vienés. Es un largo poema con tintes de monólogo filosófico-ensayístico donde el autor medita fragmentariamente acerca del oficio de escritor y del valor poético de la palabra para, finalmente, encontrarse de bruces con la inefabilidad del poema, con la sombra alargada de Derrida (“Todo verdadero poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo”) y, cómo no, con la épica igualadora del silencio: “lo inefable se nombra / con la dificultad / de saber que no hablas / porque sólo los mudos / escriben lo invisible / con su bello discurso / encima de la arena”.

Por el contrario, en El idiota entre las hierbas asistimos a un sutil juego de heteronimia, recurso con el que el autor ha construido no sólo toda su obra sino una identidad poliédrica como si de un gigantesco autorretrato cubista se tratara. Si en La novia de Wittgenstein el poeta se preguntaba acerca de la identidad de la palabra poética, en este libro se va en busca de la identidad del hombre como ser arrojado al mundo, indefenso y abocado al fracaso en una sociedad que lo aliena sin remedio (“Hombre es igual a ruina= sumes con quien / lo sumes= Acaso un día aspiraré a llegar / en mis sueños a no ser una mosca=”). Los recursos son otros: si en La novia de Wittgenstein había tuétano, verso corto y continencia en el decir o no-decir, en El idiota entre las hierbas hay músculo, barroquismo y exuberancia vía Lezama Lima. La experimentación alcanza sus cotas más altas en el caudal de materiales y recursos poéticos: citas literarias (verdaderas o falsas), fotografías intercaladas que parecen entroncar con el poema visual, manuscritos apócrifos, destrucción del lenguaje o aspiración a (re)construir uno nuevo. Se recurre al extrañamiento, a la metamorfosis y al cripticismo para dibujar el perfil de una voz fantasmal que contiene no pocas confidencias autobiográficas del autor.

Ambos libros, La novia de Wittgenstein y El idiota entre las hierbas, resultan, en fin, los últimos episodios poéticos hasta la fecha del complejo proyecto al que Dolan Mor se viene entregando incansablemente. Libros que, basándose en la heteronimia (“Todo poeta es un fingidor”, decía Fernando Pessoa), parten en busca de otros yoes con que completar una de las más notables e inagotables geografías humanas del alma que uno ha leído en poesía en muchos años.


JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ
(reseña en "Heraldo de Aragón", 27-05-2010)

sábado, 22 de mayo de 2010

“Madrid: una ciudad, muchas voces”. II ciclo de poesía iberoamericana


Miércoles 26 de mayo, 19:00 h.
Secretaría General Iberoamericana



PRIMERA MESA


Ana Gorría (España)

Miguel Ildefonso (Perú)

Beatriz Russo (España)


SEGUNDA MESA


Sayak Valencia (México)

Rómulo Bustos Aguirre (Colombia)

Julieta Valero (España)


Moderador: Rodrigo Galarza



Jueves 10 de junio, 19:30 h.
Centro Hispano Centroamericano



PRIMERA MESA


Arturo Borra (Argentina)

Blanca Morel (España)

Jorge Olivera (Uruguay)

Alfonso López (España)


SEGUNDA MESA

Lourdes De Abajo (España)

Bárbara Butragueño (España)

Pedro Montealegre (Chile)


Moderador: Jesús Malia




Jueves 17 de junio, 19:30 h.
Centro Hispano Centroamericano




PRIMERA MESA


Raúl Campoy (España)

Gabriel Zanetti (Chile)

Santiago Méndez Alpízar (Cuba)

Jesús Jiménez Domínguez (España)


SEGUNDA MESA

Diego Palmath (Perú)

Ana Martín Puigpelat (España)

Marcos Canteli (España)


Moderador: Cecilia Quílez