viernes, 4 de junio de 2010

Presentación de "El idiota entre las hierbas", de Dolan Mor

Trinidad Ruiz Marcellán, Dolan Mor y Jesús Jiménez Domínguez
Biblioteca de Aragón (Zaragoza, 27 de mayo de 2010)
Foto: Columna Villarroya

Dolan Mor es uno de los pocos poetas que conozco cuya manifiesta timidez como persona es inversamente proporcional a su ego como poeta, enfermedad incurable esta del ego que muchos padecemos. Tal vez ello se deba a que -poema a poema, obra tras obra- se ha entregado silenciosamente a la higiénica y ardua tarea de destruir, de matar al “yo”. O lo que es lo mismo, de desaparecer en el “otro”. Y esto me consta que lo lleva a rajatabla, pues sabemos a ciencia cierta (o no) que en realidad Dolan Mor no se llama Dolan Mor.

Si “el poeta es un fingidor”, como dijo Fernando Pessoa (quizás el mayor y más famoso ejemplo de producción de heterónimos), también Dolan lo es a su manera, pues sigue al pie de la letra la famosa sentencia de Rimbaud: “yo es otro”. Sabe Dolan que el “yo” no es unidad sino al revés: fragmentación. En consecuencia no hay búsqueda posible de la verdad, sino de la más certera de las mentiras.

La “otredad” es para el hombre moderno un mal que se soporta dolorosamente: la conciencia moderna no acepta que su individualidad sea una realidad plural y que detrás del hombre que piensa se esconda otro que mantiene una vida "ilógica", que sostiene a menudo lo que la razón reprueba. Por eso, la obra de Dolan Mor -desgranada en ya numerosos títulos- es, en consecuencia, el trabajo de un fingidor que desenmascara, de un “embustero” que acierta, de un rastreador que borra sus propias huellas en la escritura. Es el suyo un ambicioso proyecto que parte del recurso de la heteronimia para abordar diferentes esferas poéticas que tienen en el problema de la identidad y en la indagación del lenguaje dos de sus puntos más sobresalientes.

Si sus dos primeros libros (El plagio de Bosternag y Seda para tu cuello) abordaban y desmontaban la etiqueta del malditismo por medio de la amplificación -a menudo irónica- de voces miméticas a las de Leopoldo María Panero o Antonin Artaud, los tres siguientes (Nabokov’s Butterflies, Los poemas clonados de Anny Bould y El libro bipolar) inauguraban una etapa de libros más narrativos y el punto de mira del francotirador paródico se trasladaba hacia el realismo norteamericano vía Raymond Carver y la literatura beat.

Sus dos últimos libros hasta la fecha (La novia de Wittgenstein y El idiota entre las hierbas) pertenecen a una etapa que denominaríamos “del lenguaje”. El primero de ellos es libro metalingüístico por excelencia. Aquel que, parafraseando el famoso poema de Roberto Juarroz, nos habla del lenguaje poético como de una fiesta desoladora en la que no hay nada ni nadie: “En el centro de la fiesta / está el vacío / Pero en el centro del vacío / hay otra fiesta”.

He citado este poemario antecesor al que hoy presentamos porque me parece que El idiota entre las hierbas es su reverso, el envés de una pretendida poética del silencio, pues planea en éste la sombra barroca y exuberante de Lezama Lima, seguramente uno de los mayores exponentes sudamericanos del horror vacui poético.

En este libro la voz del autor, mediante un alter ego llamado José María Mallosa que tiene bastante que ver con la propia biografía de Dolan Mor (como luego veremos), disuelve sus propias palabras hasta las últimas posibilidades del lenguaje. Aquellas que le permiten escribir “He abierto un agujero invisible en la hoja” para, seguidamente, escanearla y mostrarla al lector a modo de coartada de su propia desaparición. Aquellas que le permiten violar las reglas ortográficas siguiendo los patrones de los mensajes de telefonía móvil como en el poema que cierra el libro. Aquellas que le permiten jugar, en una ludopatía desenfrenada, con el lenguaje y sus sonidos (“de labio velosino belo al vino”, “la venia de venal vamos vejuino”, “labro en liebre la libra de oro”). Aquellas que le permiten inventarse palabras a la manera del también cubano Mariano Brull para crear realidades fantasmales o paralelas ("gardeniano", "clitoral", "celdanieve", "trasgueado") o forjarse identidades imposibles cercanas a la cosificación o el animismo: “Me siento un femural de noche= cuando escribo= sé que no existe / la palabra pero me la invento”.

El yo deviene en metamorfosis post-larvaria (también la escritura y el poema lo son), una metamorfosis que se desarrolla por debajo incluso del escalafón del escarabajo samsiano para acabar siendo uno más de los insectos dípteros de El Señor de las moscas de William Golding, posado -eso sí- sobre el escaparate cotidiano de un mundo occidental vendido al consumismo más salvaje en uno de los poemas con más carga de denuncia social del libro.

En estos extrañamientos del lenguaje y de la identidad, la voz o sinfonía de voces que recorren los poemas reconocen el estado de angustia al que remite el pensamiento, no hallan ninguna satisfacción en la capacidad cognitiva sino una lucha desigual contra la naturaleza y el destino del ser humano, lucha que es cada vez más cruel en tanto al hombre no le es dado “no pensar”. Esa es su tragedia: ir hacia el final de cada pensamiento hasta encontrarse totalmente indefenso, sin salida: “Un aleteo de llaves ya se oyen: / Las manillas doradas que se acercan= / que llegan con los pomos y nos cierran.”

Estas técnicas de desvío o extrañamiento, recogidas ya por el formalismo ruso, son a consecuencia de que la cotidianidad hace que los objetos y situaciones pierdan frescura frente a nuestra percepción. Dolan Mor logra desautomatizar esas percepciones sensoriales por medio de la metáfora. Si El idiota entre las hierbas es una obra literaria de primer orden, originalísima, no es -claro está- por su cantidad de metáforas, sino por la desautomatización que hace de las mismas; pues buscan la manera de presentar las cosas como nunca vistas, singularizándolas, sacándolas de su contexto para hacerlas llamativas.

El idiota entre las hierbas es así, con total seguridad, el libro más arriesgado de Dolan hasta la fecha, el más complicado, donde el autor alcanza las más altas cotas de experimentación. En sólo 13 poemas (número simbólico de la desgracia, pues es también el número que representa a la Muerte en el Tarot) la transgresión traspasa lo puramente formal de los signos de puntuación, esos signos aritméticos de “=” que paradójicamente acercan el poema a una fórmula matemática sin solución posible.

El libro es un extraño artefacto de hibridación, una potente hormigonera poética que trabaja con materiales y recursos de muy diversa naturaleza y procedencia: apropiaciones poéticas de Stephane Mallarmé, Franz Kafka o William Carlos Williams, pero también falsas citas (“No pudráis más la rosa con la escarcha”), ritmos sincopados que parecen provenir del jazz de Roberto Fonseca (silenciosa banda sonora del libro), transexualidades poéticas, transmigraciones de escenarios que llevan Zaragoza a orillas del río Moldava y viceversa, manuscritos apócrifos, fotografías que rozan el concepto del poema visual…

Dolan entierra la idea aristotélica de lo que en la antigüedad clásica se entendió como material susceptible de construir un poema. En consecuencia rompe con los géneros, los rumia, los aglutina, los disuelve, los escupe. Acude también al autobiografismo de una manera muy sutil y fragmentaria, como si rompiera el espejo de la realidad y hubiera esparcido unos pocos segmentos en los poemas. Sabemos así que José María Mallosa, trasunto de Dolan Mor y voz espectral en los poemas, fue también cubano y estudiante de Medicina Veterinaria como Dolan, que nació en 1968 (año de la Primavera de Praga) como Dolan, que emigró a Rusia (Dolan pidió asilo en la embajada española en Moscú), que disfrutó del magisterio poético de Joseba Sarriandía ignorando que era un preso de ETA fugado de la cárcel de Martutene, aquel mismo que inspiró la famosa canción “Sarri, Sarri” de Kortatu.

¿Es El idiota entre las hierbas el libro más autobiográfico de Dolan Mor o es, por el contrario, Dolan Mor la imagen fragmentaria de una ficción que devuelve ese espejo roto? El idiota entre las hierbas juega con una técnica especular de luces y sombras. De menos luces que sombras, pues sin duda oculta más de lo que muestra.

Así, El idiota entre las hierbas resulta, en fin, el último episodio poético, la última estación hasta la fecha del complejo proyecto de viaje al que Dolan Mor se viene entregando incansablemente. Partiendo de un sutil juego de heteronimia, recurso con el que el autor ha construido no sólo toda su obra sino una identidad poliédrica como si de un gigantesco autorretrato cubista se tratara, Dolan parte en busca de otros yoes con que completar una de las más notables e inagotables geografías humanas del alma que uno ha leído en poesía en muchos años.

JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ

jueves, 3 de junio de 2010

Un poema de Anise Koltz

Peces abisales
las frases mueren
en cuanto suben
a la superficie


[Traducción al castellano: José M. G. Holguera]

miércoles, 2 de junio de 2010

"Arar"

Arar es un vídeo de Javier López Clemente inspirado en el poemario homónimo de Ángel Gracia (Prames, Zaragoza, 2010). Colaboran los poetas Miguel Ángel Ortiz Albero, Alfredo Saldaña, Jesús Jiménez Domínguez, Miguel Serrano, Nacho Tajahuerce, Brenda Ascoz y Sofía Díaz.

martes, 1 de junio de 2010

"Palabras sobre palabras. 13 poetas jóvenes de España"

Palabras sobre palabras: 13 poetas jóvenes de España,
Santiago Inédito, Santiago de Chile, 2010.
Selección y prólogo: Julio Espinosa Guerra.

Poemas de Marta Agudo Ramírez, Marcos Canteli, Óscar Curieses, Benito del Pliego, Patricia Esteban, Ana Gorría, Jesús Jiménez Domínguez, Luis Luna, Julia Piera, Goretti Ramírez, Julio Reija, Sandra Santana y Julieta Valero.

UNA MIRADA A LA CARRETERA (Palabras finales)
por Julio Espinosa Guerra

La poesía española más reciente se está removiendo un pesado legado de referencialidad y normalización que durante décadas ha dominado las poéticas del país a través de lecturas sesgadas de sus pares latinoamericanos y anglosajones, críticas antojadizas y editoriales más preocupadas de crear un producto fácil de entender que de publicar autores que realmente estén implicados con el lenguaje.

Esta selección de trece poetas intenta mostrar ese nuevo panorama que ha puesto en duda el discurso oficial, ampliando las lecturas de la realidad y, por tanto, su escritura, tanto desde la semántica como desde la sintaxis, pasando por lo sonoro y lo visual, y hermanándolo con los discursos latinoamericanos actuales para intentar hacer verdadero el pronóstico que hace casi cincuenta años formuló Enzensberger y, también, por qué no decirlo, desenterrar la visión de que la poesía española es mala. Al contrario, no sólo no lo es, sino que perfectamente podemos dialogar con ella de igual a igual, intercambiando miradas que no hacen otra cosa que completar, aunque sea precariamente, aquellas zonas mudas del decir.

No se trata de canonizar ni normalizar ningún discurso, sino de darle visibilidad a una serie de poéticas emergentes y heterogéneas que beben y (re)leen de la mejor tradición poética española, latinoamericana y universal; compañeros circulando por las mismas carreteras secundarias que nosotros y que el actual sistema editorial español, que avanza por las autopistas de los libros más vendidos, de best seller poéticos, en su afán de transformar todo lo que toca en un producto fácil de entender, fácil de comercializar, no nos deja ver.

Julio Espinosa Guerra. Junio de 2008. Zaragoza.

domingo, 30 de mayo de 2010

Cita con Marguerite Duras

"El mejor modo de llenar el tiempo es gastándolo."

sábado, 29 de mayo de 2010

Firmas en la Feria del Libro de Zaragoza


El próximo sábado 5 de junio estaremos Miguel Ángel Ortiz Albero, Dolan Mor, Manuel M. Forega y yo firmando libros (o esa es la idea) en la Feria del Libro en Zaragoza (Paseo Independencia), concretamente en la caseta de la editorial Olifante.

Dolan Mor, Jesús Jiménez Domínguez y Ricardo Fernández Moyano.
Detrás, Miguel Ángel Ortiz Albero e Ingrid Magrinya.

viernes, 28 de mayo de 2010

Las máscaras del lenguaje

Dolan Mor

El poeta malagueño Rafael Pérez Estrada decía que un poema “es sólo el espejismo del poema que nunca llegaremos a escribir”. Espejismos, juegos de espejos y especulaciones sin fin hay en los dos últimos poemarios de Dolan Mor, La novia de Wittgenstein y El idiota entre las hierbas, libros que abren un nueva etapa (a él le gusta denominarla “del lenguaje”) en la personalísima poesía de este cubano exiliado en Zaragoza. En La novia de Wittgenstein hay especulación metapoética a partir del Tactatus Logico-Philosophicus del lingüista vienés. Es un largo poema con tintes de monólogo filosófico-ensayístico donde el autor medita fragmentariamente acerca del oficio de escritor y del valor poético de la palabra para, finalmente, encontrarse de bruces con la inefabilidad del poema, con la sombra alargada de Derrida (“Todo verdadero poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo”) y, cómo no, con la épica igualadora del silencio: “lo inefable se nombra / con la dificultad / de saber que no hablas / porque sólo los mudos / escriben lo invisible / con su bello discurso / encima de la arena”.

Por el contrario, en El idiota entre las hierbas asistimos a un sutil juego de heteronimia, recurso con el que el autor ha construido no sólo toda su obra sino una identidad poliédrica como si de un gigantesco autorretrato cubista se tratara. Si en La novia de Wittgenstein el poeta se preguntaba acerca de la identidad de la palabra poética, en este libro se va en busca de la identidad del hombre como ser arrojado al mundo, indefenso y abocado al fracaso en una sociedad que lo aliena sin remedio (“Hombre es igual a ruina= sumes con quien / lo sumes= Acaso un día aspiraré a llegar / en mis sueños a no ser una mosca=”). Los recursos son otros: si en La novia de Wittgenstein había tuétano, verso corto y continencia en el decir o no-decir, en El idiota entre las hierbas hay músculo, barroquismo y exuberancia vía Lezama Lima. La experimentación alcanza sus cotas más altas en el caudal de materiales y recursos poéticos: citas literarias (verdaderas o falsas), fotografías intercaladas que parecen entroncar con el poema visual, manuscritos apócrifos, destrucción del lenguaje o aspiración a (re)construir uno nuevo. Se recurre al extrañamiento, a la metamorfosis y al cripticismo para dibujar el perfil de una voz fantasmal que contiene no pocas confidencias autobiográficas del autor.

Ambos libros, La novia de Wittgenstein y El idiota entre las hierbas, resultan, en fin, los últimos episodios poéticos hasta la fecha del complejo proyecto al que Dolan Mor se viene entregando incansablemente. Libros que, basándose en la heteronimia (“Todo poeta es un fingidor”, decía Fernando Pessoa), parten en busca de otros yoes con que completar una de las más notables e inagotables geografías humanas del alma que uno ha leído en poesía en muchos años.


JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ
(reseña en "Heraldo de Aragón", 27-05-2010)

sábado, 22 de mayo de 2010

“Madrid: una ciudad, muchas voces”. II ciclo de poesía iberoamericana


Miércoles 26 de mayo, 19:00 h.
Secretaría General Iberoamericana



PRIMERA MESA


Ana Gorría (España)

Miguel Ildefonso (Perú)

Beatriz Russo (España)


SEGUNDA MESA


Sayak Valencia (México)

Rómulo Bustos Aguirre (Colombia)

Julieta Valero (España)


Moderador: Rodrigo Galarza



Jueves 10 de junio, 19:30 h.
Centro Hispano Centroamericano



PRIMERA MESA


Arturo Borra (Argentina)

Blanca Morel (España)

Jorge Olivera (Uruguay)

Alfonso López (España)


SEGUNDA MESA

Lourdes De Abajo (España)

Bárbara Butragueño (España)

Pedro Montealegre (Chile)


Moderador: Jesús Malia




Jueves 17 de junio, 19:30 h.
Centro Hispano Centroamericano




PRIMERA MESA


Raúl Campoy (España)

Gabriel Zanetti (Chile)

Santiago Méndez Alpízar (Cuba)

Jesús Jiménez Domínguez (España)


SEGUNDA MESA

Diego Palmath (Perú)

Ana Martín Puigpelat (España)

Marcos Canteli (España)


Moderador: Cecilia Quílez

jueves, 20 de mayo de 2010

Diatriba contra los muertos (Ángel Gónzalez)

Con Ángel González (Valdepeñas, 2006)

DIATRIBA CONTRA LOS MUERTOS

Los muertos son egoístas:
hacen llorar y no les importa,
se quedan quietos en los lugares más inconvenientes,
se resisten a andar, hay que llevarlos
a cuestas a la tumba
como si fuesen niños, qué pesados.
Inusitadamente rígidos, sus rostros
nos acusan de algo, o nos advierten;
son la mala conciencia, el mal ejemplo,
lo peor de nuestra vida son ellos siempre, siempre.
Lo malo que tienen los muertos
es que no hay forma de matarlos.
Su constante tarea destructiva
es por esa razón incalculable.
Insensibles, distantes, tercos, fríos,
con su insolencia y su silencio
no se dan cuenta de lo que deshacen.

lunes, 17 de mayo de 2010

Presentación de "El idiota entre las hierbas", de Dolan Mor

Presentación de
El idiota entre las hierbas
de Dolan Mor

Editado por Olifante

Interviene, además del autor,
el poeta Jesús Jiménez Domínguez

Jueves, 27 de Mayo de 2010
19:30 horas

Sala Polivalente
Biblioteca de Aragón
C/Doctor Cerrada 22
ZARAGOZA