viernes, 13 de noviembre de 2009

Fundido en portugués

Luís Parrado y Diogo Vaz Pinto, poetas y artífices de la revista literaria "Criatura", durante varios meses han traducido a la lengua de Pessoa muchos de mis poemas de Fundido en negro. Han realizado un trabajo magnífico y, desde aquí, les doy las gracias. Me gusta cómo quedan mis poemas en portugués. El portugués es la lengua de la saudade, de la melancolía (esa alegría, autocomplaciente y mesurada, de estar triste). Menos mal que nos queda Portugal. En las retinas de la memoria. Y en el corazón, claro.

No me resisto a mostrar uno de los poemas traducidos por Diogo Vaz Pinto, que presumiblemente aparecerá en diciembre en el nº 4 de la lisboeta revista "Criatura":



O LAMENTO DE QU YUAN

Confusão é uma palavra que inventámos
para uma ordem que não se entende.

Henry Miller


Sopraste nas minhas feridas e estas despegaram-se de mim.
Estendidas no vento, circulando por vales e verões,
ainda ternas, foram aderindo à casca de uma árvore,
pousaram sobre o lago, abriram veias noutros corpos.
Acamado, hoje o mundo na sua língua diz mal de nós:
o bosque perde pássaros, a água foge da água
e a manhã é uma mula carregando sacos rotos.
E assim, cada coisa é uma hemorragia, cada coisa está fora
de cada coisa, é todas as outras menos ela mesma.

Mulher que velas os amotinados limites do meu corpo:
Nunca apagues com a tua boca a boca de um mistério.
A verdade é uma fenda que abre uma rota direita ao abismo.
A contradição um país secreto de que sempre se regressa
com um beijo nas costas e uma punhalada nos lábios.




EL LAMENTO DE QU YUAN

Soplaste en mis heridas y éstas se despegaron de mí.
Acostadas en el viento, rodando por valles y veranos,
tiernas aún, fueron a adherirse a la corteza de un árbol,
se posaron en el lago, echaron venas en otros cuerpos.
Encamado, hoy el mundo en su lengua nos maldice:
el bosque pierde pájaros, el agua escapa del agua
y el mañana es una mula que carga con sacos rotos.
Y así, cada cosa es una hemorragia, cada cosa está fuera
de cada cosa, es todas las demás menos ella misma.

Mujer que velas los amotinados límites de mi cuerpo:
Nunca borres con tu boca la boca de un misterio.
La verdad es una grieta que abre una ruta hacia el abismo.
La contradicción un país secreto del que siempre se regresa
con un beso en la espalda y una puñalada en los labios.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Obra de Joel-Peter Witkin

Las meninas, según Joel-Peter Witkin

Según el propio Witkin (Nueva York, 1939), su peculiar visión y sensibilidad artísticas provienen de un episodio que presenció en su infancia: un accidente automovilístico en el que una niña resultó decapitada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cita con Marie de Rabutin-Chantal, Marquesa de Sévigné

"Si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar."

domingo, 1 de noviembre de 2009

"Ave, Lúcifer", una canción de Os Mutantes

Armando, Sérgio y Rita formaron en 1966, y en Sao Paulo, la banda Os Mutantes. Al principio tuvieron un éxito limitado en su país, pero voces como las de Kurt Cobain, Beck, David Byrne y Kevin Barnes (vocalista de Of Montreal) se encargaron más tarde de reivindicar este legado de tropicalismo, psicodelia y rock progresivo que ha terminado por convertirles en una banda de referencia a nivel mundial.

Entre muchas canciones de Os Mutantes, me entusiasma "Ave, Lúcifer", un tema totalmente hedonista, celebratorio y pleno de una lánguida psicodelia. Tanto me gusta que acabó como título y asunto de un poema mío de Fundido en negro (DVD Poesía, 2007).


martes, 27 de octubre de 2009

La antena


La semana pasada tuve la oportunidad de ver La antena (2007), película dirigida por el argentino Esteban Sapir, creativo también de publicidad.

El film resulta fascinante desde el punto de vista visual. Por exigencias del guión, es una película muda en blanco y negro, con influencias y referencias al cómic de la factoría DC, al cine de Fritz Lang y del expresionismo alemán, al Alphaville de Godard, al surrealismo francés e incluso al primer Jean Pierre Jeunet. Tiene una estética retrofuturista inquietante y hace un uso muy original y dinámico de las tipografías en los subtítulos.

En cuanto al contenido, La antena es una fábula, una alegoría acerca de la libertad de expresión y del poder de los medios de comunicación. La historia nos muestra una ciudad entera que ha quedado sin voz y que vive bajo un largo y crudo invierno. El malvado Sr. TV, dueño absoluto de una extensa cadena de productos bajo su sello personal, lleva adelante un siniestro plan secreto para someter eternamente a cada una de las almas que habitan este lugar.

domingo, 25 de octubre de 2009

Un poema de Charles Simic


PIEDRA

Meterme en una piedra
aquél sería mi camino.
Deja que otro se convierta en una paloma
o que rechine con el diente de un tigre.
Soy feliz de ser una piedra.

Por fuera la piedra es una adivinanza:
nadie sabe cómo resolverla.
Sin embargo dentro, debe ser fresca y silenciosa
aunque una vaca la pise con toda su fuerza,
aunque un niño la arroje a un río;
la piedra se hunde, lenta, imperturbablemente
hacia el fondo del río
donde los peces vienen a llamar en ella
y escuchan.

He visto salir chispas
cuando dos piedras se frotan,
así, quizás, dentro no esté oscuro después de todo;
quizás haya una luna que brilla
desde alguna parte, como detrás de una colina-
suficiente luz para descifrar
los extraños escritos, el mapa de estrellas
en las paredes interiores.


Charles Simic nació el 9 de mayo de 1938 en Belgrado, Yugoslavia. En 1953 emigró de su país con su madre y hermano para reunirse con su padre en los Estados Unidos. Vivieron en Chicago y los alrededores hasta 1958.

En 1961 fue reclutado por el ejército estadounidense y en 1966 recibió su grado de Bachelor en la Universidad de Nueva York. Al año siguiente se publicó su primera colección completa de poemas, What the Grass Says. Desde entonces ha publicado más de 60 libros en los Estados Unidos y en el exterior. Entre ellos, Jackstraws (Harcourt Brace, 1999), fue nominado como Libro Notable del Año por el New York Times; Walking the Black Cat (Harcourt Brace, 1996), fue finalista del National Book Award en poesía. Le siguen A Wedding in Hell (1994); Hotel Insomnia (1992); The World Doesn't End: Prose Poems (1990), por el cual recibió el Premio Pulitzer en Poesía; Selected Poems: 1963-1983 (1990); y Unending Blues (1986).

miércoles, 21 de octubre de 2009

Adelantarse al destino

“Por mucho que madrugues, tu destino siempre se levanta una hora antes que tú”. Podría ser una cita extraída del western Dos hombres y un destino. O del Oedipus Rex de Sófocles o de cualquier otra tragedia griega, pero no. Según parece, es un proverbio africano; lo cual no es de extrañar visto que el destino del continente negro con frecuencia ha sido (y es) un negro destino.

Sin embargo, desde que una mañana Nietzsche anunciara la muerte de Dios y avisara a los forenses, aquí en Occidente hemos dejado de creer a pies juntillas en eso del destino. Nos atrevemos a dudar de que éste pueda estar escrito (¿por quién? ¿en qué idioma?) en las estrellas, en la palma de una mano o en los posos del té. El destino, ese cara o cruz que decidían los dioses ancestrales en las alturas, es algo que ya sólo hallamos impreso en los billetes de avión o de tren, en los letreros de las terminales de la estación o del aeropuerto.

Sin embargo, hoy no dejo de pensar en el refrán africano y en el destino. En cómo éste parece ser que se levanta por las mañanas más temprano que cualquier hijo de vecino, habida cuenta del trabajo a destajo que siempre tiene y las citas a las que ineludiblemente debe acudir.

El destino es, como se suele decir, un tío plasta, el eterno pesado de turno. Apenas llegas a los sitios, ya te está aguardando con cara de pocos amigos. Siempre tiene algo para ti: bueno o malo. Casi siempre malo. Porque al destino que nos depara cosas amables o dichosas lo llamamos la mayoría de las veces suerte y otras, las menos, justicia. Pero esto no siempre es así. Tenía un amigo en el instituto, mal estudiante, que minutos antes de comenzar un examen siempre deseaba: “Que Dios reparta suerte, que como reparta justicia…”. Así de negro debía levantarse su destino aquellas mañanas.

Como Schopenhauer, soy un poco de los que piensan que “el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos.” Para los que juegan en la liga de los redomados pesimistas y creen a pies juntillas en el destino ineludible, me imagino que éste les parecerá un defensa central imposible de driblar. Prueba a esquivarlo, a darle esquinazo y te pasará aquello que decía el poeta Jean de la Fontaine, que "a menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo." Tampoco podrás anticiparte a él porque, como ya hemos visto, “tu destino siempre se levanta una hora antes que tú.”

La madrugada del próximo 25 de octubre, ya entrado el domingo, Europa tiene previsto su cambio habitual de horario en invierno. Retrasaremos los relojes, como de costumbre en estas fechas, una hora. Es decir, a las 3:00 a.m. serán las 2:00 a.m.

Me pregunto qué ocurriría si, en el trasiego festivo y habitual de los sábados por la noche, después de unas copas de más, a mi destino (el mío propio) se le olvidara retrasar una hora todos sus relojes, incluido el despertador. Si errar es de humanos, ¿por qué no habría de errar también mi destino humano?

A la mañana siguiente nos levantaríamos los dos (mi destino y yo) a la par, sincronizados. Ignorante del cambio de hora, mi destino mudaría en desatino. Por una vez no lo encontraría esperándome desde hace una hora bien larga, emboscado en todos los sitios: en la panadería, en el quiosco, en la oficina, en la parada del bus, a la vuelta de una curva cerrada, en la sala de espera de un hospital, dentro del buzón... Quién sabe si, apretando yo el paso, incluso me adelantaría a él. En ese caso podría ver a mi propio destino caminar contrariado hacia mí. Sería yo el destino de mi propio destino.

Qué loca felicidad, qué extraña libertad: preceder despreocupado siempre al destino o, ya puestos a fabular, vivir sin él.

lunes, 19 de octubre de 2009

Obra de Chema Madoz


Chema Madoz (Madrid, 1958) cursó la carrera de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid al tiempo que estudiaba fotografía en el Centro de Enseñanza de la Imagen.

Aunque en algunas de sus primeras obras aparecían seres humanos, desde la década de los noventa, Chema Madoz ha centrado su trabajo en la fotografía de objetos a los que modifica o acentúa alguna cualidad convirtiendo las obras en auténticos poemas visuales. Madoz se considera un escultor de objetos que trabaja desde el punto de vista de un fotógrafo y utiliza la fotografía como registro de la memoria.

Quizá el atractivo de la obra de Madoz sea a la vez su mayor dificultad: conseguir imágenes tan poderosas a partir de objetos cotidianos que, sometidos a diversas transformaciones, producen un efecto sorprendente.

viernes, 16 de octubre de 2009

Vuelve Rodrigo Fresán

Hoy mismo sale a la venta la última novela hasta la fecha de Rodrigo Fresán, El fondo del cielo. Es un libro muy esperado por sus fieles lectores, entre los que me incluyo, desde que hace seis largos años publicara Jardines de Kensington. El primer libro que leí de Rodrigo fue La velocidad de las cosas y el flechazo literario fue instantáneo. Sigo pensando que es su libro más logrado, el más inabarcable, el más borgiano, el que más me gusta, el que uno lee y relee y siempre descubre tramas, matices, hallazgos nuevos. Aunque en su día recibió críticas más frías, también Esperanto me gusta mucho. Otorga una lectura ágil y divertida. No sé qué nos deparará la nueva aventura de Fresán, El fondo del cielo. Ya el título tiene mucho de lo que él denomina, para darle la vuelta a la tortilla (ya algo chamuscada) del "realismo mágico", irrealismo lógico. Para ir haciendo boca, he rescatado este vídeo en el que Rodrigo habla de sus novelas, sobretodo de La velocidad de las cosas, por entonces traducida en Francia. Buen provecho.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Cita con Groucho Marx

"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro, quizá esté muy oscuro para leer".