Los estrategas, José Hernándezjueves, 13 de agosto de 2009
Obra plástica de José Hernández
Los estrategas, José Hernándezlunes, 10 de agosto de 2009
Summer in the C.R.P.

Como muchos (o algunos) ya sabrán, pertenezco a la denostada calaña de los funcionarios: Trabajo en un C.R.P. del Gobierno de Aragón, concretamente en el Área de Personal. ¿Qué es un C.R.P.? Un C.R.P. es un “Centro de Rehabilitación Psicosocial”. Un psiquiátrico. Un sanatorio mental. Un manicomio, vaya. Pero vivimos en un tiempo en el que las palabras ya no son lo que eran. Ahora todo parece más serio y más institucional (y más aséptico en este caso) si se utilizan unas siglas: vuelta a la sopa (boba) de letras. Parece que definitivamente psiquiátrico les sonaba demasiado duro, demasiado real, a las mentes bienpensantes del Departamento de Salud y Consumo y decidieron buscar algo más light, más buenrollista. Me pregunto qué pasaría si el Ayuntamiento de Zaragoza se pusiera a pensar ahora de repente y en consecuencia que “Cementerio de Torrero” suena demasiado crudo, demasiado fúnebre, y decidieran, para mayor tranquilidad de vivos y muertos, sustituir el término por “Área de descanso”. De descanso eterno, claro. Menudo alivio.
Pero a lo que iba. Cuando tengo que explicarle a alguien dónde trabajo, a menudo me encuentro con la siguiente frase del interlocutor: “Ah, pues te pega mucho”. Y es que parece ser que un psiquiátrico (perdón, un C.R.P.) es el mejor lugar posible para un poeta, razón ésta que se me sigue escapando. Por lo visto, la poesía debería abandonar las catacumbas a las que hacía referencia Octavio Paz para alcanzar por fin un espacio adecuado y mucho más cómodo: una celda acolchada (cosa que, por cierto, ni siquiera he visto por estos lares). Pero tal vez tengan razón estas personas sin necesidad de conocer siquiera este título tan ilustrativo del poeta Antonio Cisneros: Poesía, una historia de locos.
Vayamos a una de ellas.
Aunque trabajo en el Área de Personal sitiado por papeles, ordenador, máquina de escribir electrónica y un teléfono que habitualmente no para de sonar, veo de tanto en tanto a los pacientes deambular por el jardín como supervivientes apenas de un naufragio. El símil se queda corto vista la cruda realidad. Los hay de toda clase y alucinación. Está el tipo que, encorvado en ángulo de 90º grados, parece discutir con algo del suelo. Después de darle muchas vueltas al asunto, he terminado por asumir con un escalofrío que dicho paciente tiene línea directa con las hormigas, que habla con ellas. Pasa largo tiempo echándoles unas broncas colosales y he recordado, en uno de esos caprichosos cortocircuitos de la mente, esta frase de Woody Allen en boca de uno de sus personajes: "De pequeño siempre quise tener un perro, pero mis padres eran pobres y sólo pudieron comprarme una hormiga." Aquí, gracias al Gobierno de Aragón (un claro ejemplo de desarrollo social), las hormigas le salen gratis a este hombre. Unas hormigas, por otra parte, también funcionarias, preparadísimas (todas pasaron por un concurso-oposición hecho a su medida); pero que también hoy, como la mitad del país, parecen haberse afiliado al Sindicato Obrero de las Cigarras. Y es que, definitivamente, hace demasiado calor para esto del trabajo.
viernes, 7 de agosto de 2009
miércoles, 5 de agosto de 2009
"Instrucciones para dar cuerda a un reloj", una canción de Migala
En su disco Restos de un incendio (2002), los madrileños Migala incluyeron este tema con la voz del propio Julio Cortázar recitando su célebre "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj", uno de mis poemas favoritos de siempre. Música y voz casando a la perfección:MIGALA - Instrucciones para dar cuerda a un reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
lunes, 3 de agosto de 2009
Un poema de Bernardo Atxaga
sábado, 1 de agosto de 2009
"Palabras sobre palabras: 13 poetas españoles actuales"
UNA MIRADA A LA CARRETERA jueves, 30 de julio de 2009
Obra plástica de Alessandro Bavari
Birsa, Re di Gomorra, guarda il proprio destino, ALESSANDRO BAVARI martes, 28 de julio de 2009
domingo, 26 de julio de 2009
Unas palabras para "Calor"

Calor es un libro que ha de leerse bien provisto de guantes de amianto. Es un libro que quema entre las manos, que devora y desintegra los libros vecinos de las estanterías.
Calor es el libro que inició, hace varios miles de años, el incendio de la fastuosa biblioteca de Alejandría. Fue el primer libro que sufrió de combustión espontánea en los tiempos de la Santa Inquisición española. Es la Biblia apóstata que alguien dejó olvidada una noche hace unos años en una oficina incendiada del Edificio Windsor en Madrid.
Imagino a Manuel Vilas en su casa del barrio Actur de Zaragoza, invadido por la lúcida locura del verano, escribiendo a bolígrafo, con un bolígrafo al que le hierve la tinta. Un bolígrafo que dirige hacia o contra los hombres y las cosas de los hombres y que realmente no es un bolígrafo, sino un termómetro que mide la temperatura terrorífica del mundo. 45º grados de fiebre, y subiendo. Un mundo enfermo en el que los ideales clásicos de bondad, belleza y verdad están en franca crisis, cotizando a la baja. Un cierto feísmo estético ha ensanchado el campo expresivo de la poesía. Y la suciedad, como todos sabemos, es más cálida, más ácrata y más humana que el orden, frío, déspota y aséptico.
Aunque fronterizo al desaliento, Calor es un libro lleno de vida, que nos recarga las pilas. Un libro que en su propuesta se sitúa a años luz de esa otra lírica española, rancia y marmórea, empeñada en no erigir poemas habitables para todos sino mausoleos cerrados para nadie. España ha sido (y es) un país literariamente muy conservador.
Vilas escribe una poesía atrozmente actual, libre y catártica, impetuosamente humana aun a pesar del mundo deshumanizado en el que se inscribe. Una poesía más suburbial, más poligonoindustrial que urbana. Pero es también una poesía democrática en el sentido de que es una poesía para todos, que no está escrita para una élite de críticos custodios de un hermético código de símbolos, ni dirigida a catedráticos depositarios de las contraseñas semióticas necesarias para entrar en una supuesta verdad.
En los últimos libros de Vilas, a partir de El cielo, creo ver algo en sus poemas que me a mí gusta llamar “consumismo místico”. Aquí, las nuevas catedrales de este paganismo nuevo son Carrefour, Hipercor, Eroski, Ikea. El homo viator de este siglo XXI viaja, hace turismo o simplemente se despeña por este valle de lágrimas a bordo de un Renault, un Opel o un Peugeot. Rezamos a Santo Samsung, a San Carrier, a San Fujitsu para que los vientos nos sean propicios y nos hagan más llevadero el infierno (“Aire Nuestro”, título que remite a Jorge Guillén, se llama un poema del libro que en realidad es un padrenuestro pagano).
La vida de un hombre es la vida neumática de todos sus coches, la existencia doméstica de todos sus aparatos de aire acondicionado. Todo son marcas (y materialismo y dinero para quemar) porque el mundo es un enorme escaparate a escala natural. Y una de las virtudes de este libro es que ese escaparate descomunal cabe en apenas 60 páginas.
Internet y televisión nos acercan a dos palmos de los ojos los grandes fastos nacionales, el cambio climático, los desastres del Sida, las guerras y el dolor ajeno. La realidad, se nos dice, tiene una resolución de cinco millones de megapixels. Somos carne de píxel, queramos o no.
El poema en prosa es la modernidad, la libertad. Así lo intuyó quizás Baudelaire. Así lo sabe Manuel Vilas cuando asegura que un soneto, escrito hoy, es como un pasodoble y que un poema en prosa podría ser como “Sweet Jane”.
Desde los griegos antiguos hasta el Bowie glam de “Changes” siempre se ha dicho que los tiempos estaban cambiando. Una verdad de perogrullo, por supuesto. Yo puntualizaría hoy que son los géneros los que están mutando en la literatura española actual y este libro, desde esa perspectiva, puede enseñarnos muchas cosas. Ya lo decían, proféticos, Radio Futura: Ven a la escuela de "Calor".
viernes, 24 de julio de 2009
Hoja de cálculo maya
Según parece, esta es la única Hoja de Cálculo que usaban los mayas: la Excel 600 (año 600 antes de Cristo, claro).
Con este método, calcular una hipoteca implica tener conocimientos de dibujo técnico, vaya.


